Alergia al polvo
Lo que tradicionalmente se conoce como alergia al polvo no es al polvo en sí, sino a la composición de las partículas del mismo. Normalmente el polvo está formado por escamas de piel, pelo y caspa de animal, bacterias, restos de productos químicos y ácaros. Se puede ser alérgico a una o más de estas sustancias, pero los causantes habituales de dicha alergia son principalmente los ácaros, más exactamente sus huevos y sus heces. Los ácaros son insectos microscópicos que pueblan el polvo, y se calcula que la media de ácaros que podemos encontrar en una sola partícula de polvo varía entre 100 y quinientos.

Los principales síntomas de esta alergia son tos, estornudos, goteo nasal, erupciones cutáneas, picor en la nariz, ojos y garganta. Dichos síntomas suelen empeorar por la noche, cuando estamos en la cama dado que es el lugar donde más ácaros del polvo se acumulan.

Una vez se detectan los síntomas, el médico nos hará las pruebas necesarias para detectar cual es la sustancia que nos los está causando (el alérgeno). Normalmente nos harán pruebas cutáneas, inoculándonos una pequeña cantidad de las sustancias susceptibles de provocar alergia o, si esta prueba no es posible, nos harán un análisis de sangre para determinar la existencia de anticuerpos IgE para un determinar el alérgeno.

Para evitar las reacciones alérgicas lo mejor es la prevención. En el caso de la alergia al polvo, es recomendable mantener nuestra casa lo más limpia posible para evitar la acumulación de polvo, pasar regularmente la aspiradora siempre que tenga filtro para los ácaros, pasar trapos húmedos por los muebles. También es aconsejable eliminar los elementos que acumulan polvo como las cortinas y proteger la cama y la almohada con ropa especial anti-ácaros.