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Después del verano llega la recogida de las almendras. Se trata de frutos secos que son buenos para comer al natural pero también se pueden degustar en infinidad de recetas. De ese modo se ha logrado una dieta más variada y sabrosa, en el caso de las almendras, uno de los productos más cotizados en los meses fríos son las garrapiñadas. Sin embargo, la unión de dos ingredientes energéticos, como son las almendras y el azúcar, pueden llevarnos a perder el equilibrio dietético. Comer una pequeña ración de este potente, calórico y nutritivo aperitivo es bueno siempre que se haga con moderación.

Las almendras garrapiñadas a parte de estar muy buenas por su sabor dulce, son elaboradas a partir de almendras crudas a las que se añade un recubrimiento de azúcar caramelizado. Así, los frutos secos toman el color oscuro típico del azúcar tostado y una textura crujiente que hace las delicias para los más golosos. Las propiedades nutritivas resultan de la combinación de sus dos únicos ingredientes: las almendras y el azúcar añadido. Las almendras solas ya de por sí contienen un elevado aporte energético (589 Kcal/100 g) dado su alto contenido en grasas (54 g/100 g) y en proteínas (19 g/100 g). Mientras que el azúcar caramelizado que las cubre aporta el sabor dulce y aumenta en mayor medida el valor energético de estos alimentos, los cuales son considerados como autenticas bombas calóricas.

Diez almendras garrapiñadas suponen en torno a 400 calorías.

Además de todo esto, es importante decir que las almendras son ricas en fibra, por lo que tienen un gran efecto laxante, aportan otros minerales como fósforo, magnesio y potasio, un contenido destacado de hierro, calcio y cinc, y son fuente de vitaminas como el ácido fólico y la vitamina E, de acción antioxidante. Es por eso que es una manera saludable de disfrutar de la ocasión de saborear una receta artesana y sabrosa, pero en poca cantidad, no se puede abusar de las garrapiñadas.