Apúntate al Aquagym
El aquagym está muy de moda en piscinas y gimnasios, pero ¿sabías que ya se practicaba en la época de antes de Cristo? Ya Hipócrates utilizaba baños de agua fríos y calientes para curar sus enfermedades. Los romanos utilizaban los baños combinando agua fría y caliente con fines recreativos y también curativos. Para que veas que esto del aquagym no es nuevo, ellos también hacían ejercicios en el agua.

La estructura de una clase de aquagym es muy parecida a una clase por ejemplo de aerobic (solo que en el agua) y los ejercicios se clasifican según sean de impacto o no, es decir, si se hacen tocando con los pies en el suelo de la piscina o flotando. La primera parte de la clase es de calentamiento, para ir preparando los músculos. Después hay una parte aeróbica, la más larga, que tiene como objetivo elevar la frecuencia cardíaca. Esta parte se caracteriza por saltitos, desplazamientos, ejercicios de coordinación, etc. Te lo pasarás muy bien porque se suele realizar con música. Después viene una parte de ejercicios localizados y se pueden hacer en el borde de la piscina o con tablas flotadoras. Aquí trabajarás determinados músculos de manera individual. La última parte de la clase es de relajación para volver a un ritmo cardiaco normal. En esta fase es importante no olvidarse de estirar.

Las clases de aquagym son buenas para la autoestima y la depresión porque son muy divertidas y el agua está comprobado que tiene propiedades energizantes y además te vendrán muy bien para mejorar tu función cardiorespiratoria. Al hacerse en grupo, son clases que fomentan el “buen rollo” y las ganas de hacer deporte. Y como se hace en una piscina, pues te servirán también para refrescarte y evitar los golpes de calor. Si no puedes acudir a una clase de aquagym, márcate unos saltos y unas carreritas dentro de la playa, que no te dé vergüenza, ya verás como luego te sientes mucho mejor.