Aquellos balnearios de antaño (III)
En el siglo XIX destaca también en materia de hidroterapia la figura de Sebastian Kneipp, naturista alemán nacido en 1821 en Alemania. Kneipp era un estudiante de teología que a los 24 años enfermó de tuberculosis. Intentando conseguir una cura para su enfermedad, leyó los libros de los médicos Hahn. Siguió los consejos terapéuticos de tales doctores y se sumergía en las frías aguas del Danubio, abrigándose bien después. Realizaba esta operación varias veces seguidas en un día y varios días a la semana. Al cabo de poco se recuperó totalmente, dejando atónitos a los médicos, quienes no le daban mucha esperanza de vida; vivió cincuenta años más después de superar la enfermedad. Además, combinaba la técnica de los baños con ejercicio físico, chorros de agua fría, fricciones e ingesta abundante de agua.

Kneipp comenzó a aplicar su método a algunos de sus compañeros, también enfermos de tuberculosis, con lo que ya se empezaba a denominar la “Cura-Kneipp”. Los resultados fueron excepcionales. Siguió leyendo libros antiguos sobre hidroterapia y perfeccionó su método. Llegó a la conclusión que la enfermedad era debida a la contaminación de la sangre por sustancias patógenas o también porque circulaba mal. Por ello, aplicando agua fría se reactivaba la sangre y se eliminaban las sustancias patógenas nocivas.

Al cabo de unos años se ordenó sacerdote, y fue párroco en distintos pueblos y ciudades hasta llegar a Wörishofen. En ese lugar comenzó a utilizar el agua para tratar problemas respiratorios, arritmias, cefaleas, insomnio, problemas nerviosos e incluso “dolencias del alma y el espíritu”. Por aquel entonces también comenzó a combinar el uso del agua con el empleo de plantas medicinales, ejercicio vigoroso (“La vida es movimiento”), paseos sobre la hierba mojada por el rocío y una dieta equilibrada, disminuyendo considerablemente la ingesta de alcohol, azúcar y carne y consumiendo fruta y verdura en cantidades importantes.

Su postulado básico era que las enfermedades aparecen porque la fuerza natural del ser humano disminuye a causa de una alimentación equivocada y un modo de vida cada vez más alejado de la naturaleza. Sebastián Kneipp murió el 17 de junio de 1897, tras haber transformado a Wörishofen en uno de los mayores centros de las terapias holísticas. Escribió seis libros, en los cuales expone sus teorías médicas y también su filosofía imbuida de respeto a la madre tierra.