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Al igual que otras afecciones, los factores psicológicos inciden también en el aparato locomotor. Normalmente no son tenidos en consideración a la hora de elaborar un diagnóstico, por lo que siempre se atribuye a causas físicas cualquier disfunción o alteración del sistema musculoesquelético.

Lo que acontece en nuestra psique suele manifestarse externamente, ofreciendo cierta información sobre el estado de ánimo de la persona. Así, por ejemplo, los estados de decaimiento o depresivos se reflejan en la columna vertebral, apareciendo más curvada de lo habitual. En el caso de los dolores lumbares, el origen suele ser cierta sobrecarga física o emocional. Las personas que sufren esta presión constante suelen verse aquejadas de dolor entre las vértebras.

Por otro lado, el origen de las contracturas musculares, para algunas personas, es debido a la agresividad reprimida. Estas contracturas también pueden ir acompañadas de un aumento de la presión arterial.

Las personas que padecen enfermedades reumáticas suelen presentar un historial de gran actividad y con tendencia al sacrificio. Resulta curioso que con el tiempo acaben sufriendo de rigidez o inmovilidad, como una manera de corregir su exceso de actividad. Otro factor desencadenante de esta rigidez es la inhibición de la agresividad que suelen presentar estas personas, en otras palabras, la energía queda reprimida a nivel muscular al no ser canalizada hacia el exterior.

Estos dolores son sinónimo de que algo no funciona y debe ser corregido. Pero, por regla general se consumen analgésicos para paliarlos, sin “escuchar”de qué nos está avisando nuestro organismo mediante el dolor. Por ello, las medicinas alternativas (homeopatía o flores de Bach) tratan el dolor a partir de la psicología del individuo, instándole a reflexionar sobre su vida y adoptar los cambios necesarios, ya sean actitudes o comportamientos, que le llevaran a poner fin al dolor.