Beneficios del ácido fólico
Puede que hayas escuchado hablar en más de una ocasión del ácido fólico, una vitamina muy popular gracias a los múltiples beneficios que proporciona al cuerpo humano en cada una de las etapas de la vida.

También conocido como folcaína, acido pteroil-L-glutámico, vitamina B9 o vitamina M, esta vitamina hidrosoluble es esencial para la creación de proteínas y glóbulos rojos, por lo que a pesar de estar siempre presente en nuestro organismo en ocasiones no está de más reforzarlo.

Lejos de terminologías y explicaciones científicas, aquí te dejamos algunas de las principales propiedades del ácido fólico:

– Garantiza una buena salud celular, pues en buenos niveles hará que tu las mismas se dividan, crezcan y se mantengas sanas garantizando así un correcto desarrollo y mantenimiento del ser humano.

– Es muy importante para las embarazadas, pues garantizará que el feto se desarrolle adecuadamente sin malformaciones fetales como la espina bífida o enfermedades del sistema nervioso.

– Combinado con biotina y cobalamina es muy efectivo para aumentar la fertilidad de las mujeres.

– Favorece y genera la aparición de glóbulos rojos, lo que supone una buena prevención y solución para la anemia.

– Según investigaciones realizadas hasta el momento, el ácido fólico puede prevenir el cáncer de colon.

– Los niveles bajos de esta vitamina están íntimamente relacionados con la depresión, por lo que incluir más ácido fólico probablemente ayude a animar a las personas con este problema.

– Acompañado por la cobalmina, esta vitamina sirve para frenar la vejez prematura y la esclerosis múltiple.

– Mejora la memoria y potencia la agilidad mental.

Por todo lo anterior subir los niveles de ácido fólico puede ser el remedio y la solución de muchos problemas siempre y cuando no se ingiera en exceso (no más de 1000mgc diarios), pues demasiada cantidad o asiduidad podría provocar ataques epilépticos.

Puedes tomar estos complementos de ácido en versión polvo, comprimidos, cápsulas o líquido o bien conseguirlo a través de algunos de alimentos como legumbres (garbanzos o lentejas, por ejemplo), espinacas, escarolas, semillas de girasol, frutos secos o guisantes, por ejemplo.