
Las algas marinas son muy utilizadas en la dieta oriental. Forman un ingrediente algo peculiar de la gastronomía tradicional. En los países occidentales, es bastante frecuente encontrarlas en forma de preparados comerciales o desecadas, aunque no existe mucha costumbre de comerlas como un plato solo de algas, siempre se acompañan con otros alimentos. Tienen un gran interés nutricional por su concentrado de nutrientes, pues su consumo está relacionado con una mejora de la disponibilidad de minerales, facilitan el control de la presión arterial y mejoran la salud cardiovascular.
Las algas marinas son un producto cada vez más común en complementos dietéticos o alimentos funcionales gracias a su elevado contenido en fibra dietética, concentración de minerales, vitaminas, fitoquímicos (antioxidantes) y su aporte extra de algunos ácidos grasos poliinsaturados. Todo junto a su valor energético, las convierten en unos interesantes alimentos funcionales, muy considerados en determinadas dietas. Sin embargo, por su riqueza en yodo, un abuso puede provocar consecuencias negativas para el organismo.
Además, diversos estudios científicos han demostrado que las algas poseen una actividad antiinflamatoria, anticoagulante y antiadhesiva, aunque con importantes diferencias según el origen de los principios activos. Las farmacéuticas están muy interesadas en sus efectos para combatir enfermedades con fármacos para evitar la trombosis y la inflamación de las arterias y, por tanto, la prevención de riesgo cardiovascular.





























































