
Por fin, tras meses de sacrificio, lo has logrado. Te subes a la báscula y ves el peso que siempre has deseado. Te felicitas por ello, y no es para menos, ya que es un gran logro, pero a partir de ese momento debes tener cuidado, ya que es cuando comienza uno de los peores efectos que puede tener la idea, que es el efecto rebote, es decir, recuperar, en poco tiempo, todos los kilos que has perdido y con alguno más de propina, con lo que todo tu esfuerzo habrá sido inútil.
Este efecto se produce en casi todas las dietas, aunque es más notorio en aquellas muy desequilibradas o que nos han obligado a restringir en gran medida la cantidad de alimentos consumidos. Si ha sido así, durante la dieta nuestro cuerpo se habrá puesto en “modo reserva”, gastando lo menos posible, y este hecho, unido a un cambio de alimentación por el final de la dieta, es el responsable del temido rebote.
Lo primero que debes hacer es convencerte de que, aunque la dieta haya terminado, debes continuar controlando lo que comes. Si queremos, podemos seguir una dieta de mantenimiento, que nos dé las pautas para alimentarnos de forma correcta día a día.
El ejercicio también es imprescindible, ya que contribuye a que el gasto calórico sea mayor. Si hemos estado haciendo deporte durante la dieta, no debemos dejarlo ahora, sino continuar con nuestra pauta de ejercicios.
Date algún capricho. Puesto que ya no estás a dieta, puedes introducir algunos dulces y otras comidas calóricas en tu dieta, pero con cuidado de que no sean demasiados. Marcarse un día a la semana en la que podemos tomar un dulce o una comida especial nos va a ayudar a mantenernos.