Comer helado es un placer… y muy sano
En verano, heladerías y quioscos se llenan de clientes, porque es una época ideal para saborear un rico helado. Muchos se cortan a la hora de disfrutar de este refrescante capricho porque, dicen, afecta a la “operación bikini” y engorda. Abusar de los helados no es bueno, porque, efectivamente, algunos tienen mucha azúcar y no son muy buenos para la dieta. Sin embargo, quitando eso, los helados tienen propiedades que pueden ser muy buenas para la salud.

El primero de los beneficios del helado es que reduce el estrés y ayuda a combatir la depresión. ¿No te viene a la mente esa imagen de las comedias románticas en la que la chica se da un atracón de helado después de que el chico le dé plantón? Pues dejando al margen el “atracón”, una dosis moderada de helado nos ayuda a estar mejor en momentos de bajón. Esto es porque el helado tiene vitamina D y eso hace que aumente la serotonina (un neurotrasmisor relacionado con los estados de ánimo). Además, el helado es dulce y está muy rico, lo que se agradece en momentos “depre”. En este sentido el helado también es bueno para enfermos que están recibiendo tratamientos de quimioterapia.

Los helados naturales, hechos con leche y yoghurt, tienen menos grasa que los industriales y aportan a la dieta diaria el 15% de de las medidas de calcio necesarias en un día. Además el helado tiene proteínas y vitaminas, ayuda a fortalecer los huesos, regula la presión arterial y suaviza los dolores menstruales. Tomar un poco de helado después de comer nos ayudará a hacer mejor la digestión e incluso existe “la dieta del helado” con la que se puede adelgazar dos kilos en una semana.

Otra cosa buena de los helados es que los hay de muchos tipos y sabores. Puedes probar a hacer helado casero, ¿te atreves? Uno fácil: mezcla en un recipiente con tapa 300 gramos de queso mascarpone, 300 gramos de yoghurt natural cremoso, esencia de vainilla y 150 gramos de azúcar glasss. Mételo en el congelador y… ¡listo! Un helado para disfrutar en casa.