Cómo evitar y curar la faringitis
Durante el verano vamos muy ligeros de ropa, llega el otoño y la llegada del frío no solo afecta al fondo de armario. Con la bajada de las temperaturas, las personas se vuelven más propensas al enfriamiento de las vías aéreas donde los virus infectan, los ambientes cargados se favorece la transmisión de infecciones. Es entonces cuando muchas personas sufren lo que se conoce como faringitis. Por suerte, en las farmacias podemos encontrar una gran variedad de medicamentos que alivian los síntomas, sin olvidar los tradicionales remedios caseros. Entre los más comunes tenemos el paracetamol e ibuprofeno.

La faringitis no deja de ser una inflamación de la faringe ocasionada por algún tipo de alergia o irritación, normalmente causado por una excesiva sequedad del ambiente debido a la exposición al aire acondicionado, la calefacción y el humo del tabaco, pero también cuando estamos cerca de personas que ya padecen los efectos de la faringitis, la cual puede ser de dos tipos: vírica y bacteriana. Cada una requiere su propio tratamiento y por ello conviene acudir al médico para hacer un buen diagnostico.

Las infecciones víricas de la faringe son las más habituales y predominan en los meses de octubre y noviembre. Suelen curarse en pocos días y su tratamiento consiste en aliviar los síntomas como el dolor de garganta, la tos, el picor, la fiebre, la congestión nasal y la mucosidad. Por otra parte, conviene decir que los niños suelen sufrir diversos episodios al año de rinofaringitis o faringitis, en los que el dolor de garganta se manifiesta junto a síntomas nasales, especialmente con la asistencia a la guardería.

Para pasar el proceso se recurre a analgésicos sistémicos (antitérmicos) que combaten el dolor y la fiebre. Mientras que si además hay tos, es posible emplear jarabes antitusivos. Por otro lado, las infecciones bacterianas siempre deben tratarse con antibióticos. Estos medicamentos se pueden combinar con otros remedios más caseros. Como por ejemplo, tomar miel caliente es probablemente la solución más tradicional. Las cataplasmas son otro remedio muy popular, se preparan mezclando semillas de hierbas y agua fría hasta obtener una pasta. Finalmente, las gárgaras con hojas de eucalipto y agua caliente también ayudan a frenar la infección, la irritación y la inflamación de las amígdalas.