
La rosácea es una enfermedad crónica bastante frecuente, que suele producir cierta inflamación del rostro. Se caracteriza por el enrojecimiento y unas pequeñas pápulas rojas (protuberancias) en las mejillas. También es normal su aparición en la frente, las mejillas, la barbilla y la nariz.
La mujeres con edades entre los 40 y 50 años, son los más afectadas. Sin embargo, la condición se produce en ambos sexos y entre las personas de todas las edades y tipos de piel (aunque hay un riesgo ligeramente mayor en las personas de piel blanca). La rosácea, anteriormente llamado “acné rosácea”, no tiene nada que ver con el acné común. Aunque suele extenderse por la zona de la cara, no está relacionada con los granos ni con las espinillas.
La causa exacta por la que se produce este problema es desconocida, pero se cree que varios factores pueden estar involucrados. Se cree que los factores ambientales y los genéticos pueden tener algo que ver. Los síntomas más habituales son:
- Los vasos sanguíneos de araña (telangiectasias) en la cara.
- Las pápulas y pústulas (granos con cabeza amarilla) que nacen en las áreas rojas. Las pápulas suelen endurecerse rápidamente y suelen ser bastante dolorosas.
- Sensación de ardor en las zonas coloradas, así como una ligera hinchazón.
- Los ojos y los párpados pueden inflamarse en una etapa posterior (rosácea ocular), aunque esto es menos común. También los ojos pueden llegar a secarse bastante, irritarse y ser más sensibles a la luz.
- Engrosamiento de la nariz (rinofima). Esta suele afectar más a los hombres.


























































