Consecuencias del abuso de antibióticos
Si miramos en nuestro botiquín seguramente cualquiera de nosotros encontrará un par de cajas de antibióticos, de la misma o de diferentes marcas, que guardamos en él para utilizarlos cuando los necesitemos. El problema es que somos nosotros y no el médico quien decide cuándo tomarlos.

Para entender esto deberíamos saber que los antibióticos sólo actúan contra las bacterias, pero no tienen ningún efecto sobre los virus, que son los causantes de la mayoría de afecciones respiratorias que sufrimos durante el invierno, como catarros, gripes y otras dolencias parecidas. Tratarlas con antibióticos no tiene ningún efecto sobre ellas, pero sí sobre nuestra salud.

Esto es debido a que el abuso de los antibióticos genera un problema aún mayor, la denominada “resistencia bacteriana”, que significa que, a fuerza de tomar antibióticos las bacterias se pueden volver tolerantes a ellos, con lo cual nos quedaríamos sin armas con las que tratar una posible infección bacteriana.

La gravedad de esta consecuencia es mayor de lo que pensamos, ya que, acostumbrados a estos fármacos, olvidamos que, antes de que Pasteur descubriera los primeros antibióticos, enfermedades como la neumonía o la tuberculosis causaban la muerte, y, debido a la resistencia bacteriana, según el Director del Departamento de Enfermedades Infecciosas de la OMS (Organización Mundial de la Salud), podrían volver a serlo.

Para evitar esto sería necesario seguir dos pautas básicas: en primer lugar, acudir al médico antes de tomar antibióticos por nuestra cuenta, de manera que él nos indique cuál es el mejor para nuestra dolencia, la dosis que debemos tomar y la duración del tratamiento.

La segunda sería, precisamente, completar el tratamiento. Muchos de nosotros, cuando nos sentimos mejor dejamos de tomar los antibióticos, lo que puede causar que las bacterias que aún quedan en nuestro organismo hagan que aparezcan de nuevo los síntomas de la enfermedad.