Controlar un ataque de ansiedad
Las estadísticas hablan por sí solas ya que, según los estudios sobre este trastorno, un 10 por ciento de la población lo ha sufrido alguna vez en su vida y un 5 por ciento de forma reiterada con diferentes niveles de frecuencia e intensidad.

En el caso de que se haya padecido y superado una crisis de ansiedad por alguna circunstancia en especial, no es necesario ir al médico. Por el contrario, si se padece de forma habitual o se presenta sin motivo aparente repercutiendo en su vida cotidiana, es aconsejable acudir al médico. El podrá elaborar un diagnóstico, así como prescribir algún tipo de medicación, si lo cree conveniente, o derivar el caso a un especialista.

En cualquier caso y dado que es primordial conocer, a priori, la importancia de prevenir, identificar y controlar las crisis de ansiedad, a continuación expondremos una serie de recomendaciones para poder abordar el problema:

1. Conocer los síntomas es básico para detectar a tiempo la crisis. Pueden ser:

Fisiológicos

– Taquicardia o aumento de la frecuencia cardíaca (palpitaciones). Tensión arterial alta .
– Tensión muscular: temblores o sacudidas.
– Sudor frío o caliente. Escalofríos o sofocos.
– Sensación de presión en el pecho.
– Sensación de falta de aire o ahogo.
– Molestias abdominales, náuseas.
– Vértigo o mareo.
– Hiperventilación como consecuencia del aumento de la frecuencia respiratoria.
– Desmayo y pérdida de consciencia debido a la hiperventilación.
– Agarrotamiento muscular, sobre todo, en las extremidades.
– Sensación de hormigueo en manos y pies, entumecimiento.

Cognitivos o motores

– Hiperactividad.
– Dificultad para expresarse verbalmente y/o tartamudeo.
– Paralización motora.
– Preocupación e inseguridad.
– Sensación de pérdida de control.
– Movimientos torpes o descontrolados.
– Miedo a los propios síntomas pues se puede confundir con un ataque cardíaco o una asfixia.

Controlar un ataque de ansiedad
2. Ser consciente de que se trata de un estado de nerviosismo anormal y que, por tanto, la respuesta de miedo es desproporcionada.

3. Pensar que no se trata de un ataque cardíaco o una asfixia y que su salud está bien. De este modo se podrá tranquilizar y eliminar la angustia ante los síntomas.

4. Controlando la respiración se logrará mitigar la hiperventilación y, en consecuencia, las sensaciones que experimenta y el miedo a ellas.

5. Para controlar la respiración hay que colocarse en una posición cómoda, ya sea de pie o sentado), poner una mano en el pecho y la otra en el abdomen. Empezar a respirar como lo hace normalmente cuando está tranquilo. Inspirar por la nariz hasta que el aire llegue a la parte baja de los pulmones, notando como se eleva la mano colocada en el abdomen. Seguidamente, perciba como se eleva la mano sobre el pecho, retenga el aire unos segundos y suéltelo suavemente notando como se vacían los pulmones y descienden las manos. Es recomendable repetir el ejercicio hasta experimentar una relajación óptima.

6. Mientras se recupera el ritmo respiratorio, es fundamental prestar atención a los cambios positivos que está experimentando y motivarse con la idea de que su salud está bien.

7. Si es otra persona quien sufre el ataque de ansiedad y necesita nuestra ayuda, hay que captar su atención y hacerle entender que está sufriendo una crisis. Recordarle que no debe temer por su salud, ayudarle a controlar la respiración y hacerle ver sus progresos en la mejora de sus síntomas. Durante todo el proceso, es muy importante motivar y reforzar a la persona.