felicitats
Cuando realizamos alguna actividad que nos apasiona, experimentamos una sensación única, como una ventana abierta hacia la intensidad de la vida que contrasta con el gris de lo cotidiano. Se trata de un momento excepcional, en el que nuestros sentidos se concentran en esa única tarea y hacen que la energía fluya de una forma inusual.

Por supuesto, podemos dejarnos llevar por el placer de sentir nuestro cuerpo en completa relajación o por la serenidad que proporciona una relación apacible, aunque este tipo de felicidad dependerá de ciertos factores externos. En cambio, la felicidad que nace del flujo de energía la conseguimos nosotros mismos y nos aporta una conciencia mayor de nuestra vida.

Este fluir de la energía aparece en muy diversas circunstancias: cuando se nos presentan una serie de objetivos a los que debemos dar una respuesta adecuada, o cuando nos dedicamos plenamente a superar un problema o reto que exige el máximo rendimiento de nuestras capacidades. Esto nos empuja a adquirir nuevas habilidades y asumir nuevas metas.

Para ello es fundamental aprender a controlar nuestra atención realizando cualquier actividad o disciplina que dominemos. Se trata de disfrutar de la actividad en sí, más que conseguir resultados. Concentrarnos poniendo todo nuestro esmero, incluso, en actividades tan cotidianas como fregar platos o vestirse, hace que sean mucho más agradables. Transferir, poco a poco, la energía que utilizamos en tareas que no nos satisfacen a otras que nos gusten o no hayamos realizado por falta de tiempo, sería un buen comienzo para abrirnos a disfrutar más de la vida.

A propósito del tema, hay una frase budista que aconseja: “Actúa siempre como si el futuro del Universo estuviera en tus manos, mientras te ríes por pensar que tus actos pueden cambiar el curso de las cosas.”