Desgarros musculares
Los desgarros musculares son roturas parciales o totales de las fibras musculares. Cuando éste se produce, solemos notar dolores punzantes en el músculo rasgado cuando intentamos contraerlo o estirarlo.

El desgarro muscular puede suceder por elongación (cuando intentamos estirar un músculo más allá de su capacidad) o por contracción (cuando realizamos un esfuerzo muscular demasiado grande para la resistencia de nuestra musculatura). Por ello se puede producir tanto al inicio de una actividad deportiva, sobre todo si no hemos calentado convenientemente o por excedernos en la práctica deportiva.

Existen diferentes tipos de desgarro muscular:

– Desgarro fibrilar: Notamos dolor en el músculo pero podemos continuar con nuestra actividad, aunque si palpamos la zona notamos dolor, al igual que al moverla. En este caso deberemos aplicar hielo en la zona afectada y acudir al médico.

– Desgarro fascicular: Se caracteriza por un dolor muy agudo e intenso de tipo punzante que no nos permite continuar con nuestra actividad deportiva.

– Desgarro total: En este caso es necesario una intervención quirúrgica inmediata para restablecer las fibras musculares.

Además de la falta de calentamiento, existen otras causas que pueden provocar desgarro muscular, como son:

– Desnutrición, ya que las fibras musculares adelgazan debido a la mala alimentación.

– Ciertas enfermedades metabólicas como la diabetes.

– Golpes o traumas que hayamos sufrido con anterioridad y que han debilitado la zona.

– Sedentarismo: Muchas personas no acostumbradas a hacer deporte deciden un día que deben ponerse en forma, y en lugar de realizar un entrenamiento paulatino comienzan realizando un gran esfuerzo muscular el primer día.

Si estamos practicando deporte y sentimos este tipo de dolor, aunque podamos continuar moviéndonos lo más aconsejable es dejar la actividad para evitar que el desgarro sea más grave de lo que lo es en un principio.