
Siete meses después de las primeras voces de alarma sobre la Gripe A, el mundo entero ha sido invadido por este virus que, a pesar de lo que muchos se empeñan en transmitir, no es tan agresivo ni tan mortal como en un principio parecía.
Los restaurantes y lugares de trabajo han empapelado sus paredes con consejos de higiene que todo el mundo debería cumplir sin necesidad de un virus “ululante” por ahí. ¿Quién no se lava las manos antes de comer? ¿Quién no se tapa la boca al estornudar?. Bien parecen normas de la antigua “urbanidad” más que consejos para evitar un contagio que, a todas luces, parece inevitable.
En España ya no se están haciendo pruebas si no se considera grupo de riesgo, y todas las gripes se tratan como “A”, te ponen una mascarilla y te mandan en cuarentena a casa, porque según varios médicos consultados “la gripe estacional comienza en febrero”, así que no es necesario hacer pruebas para confirmar que ésta es la de la primera letra del abecedario, ni darte el medicamento que al parecer era tan imprescindible para curarla. El famoso Tamiflu se receta sólo a algunos “privilegiados”, el resto debemos conformarnos con paracetamol o ibuprofeno y quedarnos con la duda de si la habremos pasado o no.
Por otra parte, resulta cuanto menos irónico que la vacuna todavía no esté lista, cuando los brotes mayores están siendo precisamente ahora y en la tele no paran de anunciar que cuando llegue todo el mundo deberá ponérsela.
Sin embargo cuando les comentas a los doctores si tú deberías hacerlo, la mayoría ponen cara de póquer. Así que ante esta incertidumbre sólo queda esperar, hartarnos de zumos de naranja y ante los síntomas ya conocidos por todos como fiebre alta, dolor muscular o tos… meternos en la cama para, por lo menos, hacerles un favor a nuestros compañeros de oficina.







































