Dolor de corazón
Según estudios realizados en las consultas de diversos cardiólogos, investigando las causas que motivan las primeras visitas de los pacientes, se demostró que 56 de cada 100 acuden por presentar algún tipo de dolor en la zona anterior del pecho, el cuello o el brazo izquierdo. De ellos, tan sólo 15 padecen realmente problemas cardíacos.

A la vista de estos resultados se pone de manifiesto la gran sensibilidad de la población ante cualquier tipo de dolor de estas características. Pero también revela la existencia de gran número de enfermedades que pueden producir un dolor de esta clase sin que el corazón sea el responsable directo. En muchas ocasiones, a pesar de realizar un amplio estudio médico, no se llega a descubrir la causa que produce el dolor, calificándose de dolor nervioso, reflejo o a la temida neurastenia.

El dolor somático, el que se produce en nuestras propias estructuras, tiene orígenes muy diversos. Se producen en la mayoría de las vísceras, en casi todos los tejidos, receptores específicos para el dolor (estructuras terminales de la célula nerviosa que captan y transmiten el dolor).

Cuanto más fino y delicado es un miembro, mayor es la sensibilidad para el dolor. En la mano, donde existen miles de terminales nerviosas por cada centímetro cuadrado de piel, se pueden distinguir con los ojos cerrados donde se ha producido el dolor. Sin embargo, en una pierna o en la espalda, es más difícil de precisar. Esto se debe a que en estas zonas existe un número menor de terminales nerviosas, e incluso, la región de la médula espinal y del cerebro donde confluyen es significativamente más pequeña.

Dolor de corazón
En el interior del organismo, en las vísceras como el corazón, hígado o páncreas, no existen terminales tan selectivas como en la piel. Los estímulos capaces de leer el dolor están casi limitados a la sensibilidad de las propias células. Así, el sufrimiento celular por falta de oxígeno, que impide a la célula metabolizar correctamente, se traduce en dolor. Una muestra de ello son la agujetas de los músculos y la falta de riego de un órgano. Los órganos internos están recubiertos por un tejido especial que preserva y delimita a la víscera del exterior: el pericardio que recubre el corazón, la pleura de los pulmones y el peritoneo en el intestino.

Por tanto, el dolor de corazón tiene dos orígenes bien diferenciados. El producido por las enfermedades que afectan al pericardio es un dolor sordo, opresivo y constante. Suele acompañarse de dificultad respiratoria, tanto durante el ejercicio como durante el reposo, haciéndose necesario el uso de varias almohadas durante la estancia en la cama. Las razones de la afección del pericardio pueden ser muy diversas, la mayoría producidas por otras enfermedades que dañan este tejido, si bien, las causas infecciosas también suelen ser frecuentes.

La otra gran causa de la producción de dolor en el corazón es la isquemia miocárdica, también conocida como cardiopatía isquémica. En ella, la afectación de los vasos coronarios supone un menor aporte de sangre y oxígeno a la célula muscular del corazón, lo que se traduce en dolor en el pecho. En el léxico médico recibe la denominación de angina de pecho y se define como un dolor agudo de segundos de duración, generalmente desencadenado por un esfuerzo. En algunos casos, puede producirse también en estado de reposo, lo que supone el grado más grave dentro de esta patología.

Durante un infarto de miocardio se produce la muerte de las células cardíacas por la isquemia demasiado mantenida y el dolor suele presentar otras características: no siempre es producido por un esfuerzo físico, es más duradero, con menor intensidad en algunos casos, pero se acompaña de una sensación de muerte, según relatan muchos pacientes.