El derrame de líquido sinovial
Los codos, las rodillas, las caderas… las articulaciones, sean cuales sean son esenciales para que podamos mover nuestro cuerpo, ya sea en el trabajo, mientras paseamos o realizamos ejercicio físico. Aparte de los cartílagos y otros tejidos que rodean a la articulación, uno de los elementos esenciales de la misma y sin el cual sería imposible su uso es el denomina líquido sinovial o sinovia.

Se trata de un fluido viscoso y claro, cuya consistencia es parecida a la de la clara de huevo y su función principal es evitar la fricción y con ello el desgaste de los cartílagos envueltos en el movimiento de la articulación. Su alto contenido en ácido hialurónico favorece el mantenimiento y la nutrición del cartílago y otros tejidos adyacentes en buenas condiciones para permitir la mayor movilidad y durabilidad de la articulación.

También sirve para mantener limpios los cartílagos, eliminando los posibles deshechos que puedan aparecer y, por su composición, evita la proliferación de las bacterias a menos que exista una infección.

El líquido sinovial se produce en la denominada Membrana sinovial y normalmente nuestro organismo lo produce en muy pequeñas cantidades. Si existen procesos inflamatorios, hemos sufrido un golpe o un accidente, tenemos una infección o sufrimos problemas en la articulación esta cantidad producida aumenta bastante, lo que produce los derrames articulares o de líquido sinovial.

Cuando tenemos un derrame de líquido sinovial, el síntoma más frecuente es el dolor, sobre todo cuando intentamos mover la articulación.

En estos casos deberemos consultar a un traumatólogo, que nos indicará el procedimiento a seguir. Normalmente es aconsejable la aplicación de hielo en la articulación, mantener la extremidad elevada y poner una venda de compresión en la misma. Si el traumatólogo lo ve necesario, nos hará una punción articular para extraer el líquido derramado.