El descubrimiento de los grupos sanguíneos
En el año 1.901, Karl Landsteiner, profesor de Anatomía Patológica en la Universidad de Viena, estaba realizando un experimento que cambiaría para siempre el curso de la medicina. Se percató de que algunas veces, al mezclar en el laboratorio sangre de diferentes personas, los glóbulos rojos se aglutinaban formando grumos. Esto le provocó tanta curiosidad que analizó la sangre de 22 personas lavando los glóbulos rojos y sumergiéndolos en suero salino.

Descubrió que el motivo por el que a veces se formaban grumos al mezclar sangres es que los glóbulos rojos de las personas poseen antígenos. Un antígeno es un indicador que está presente en cualquier molécula ajena al organismo: virus, bacterias, toxinas…
Si el organismo reconoce como extraño a un antígeno, se defenderá creando anticuerpos (que son unas proteínas) específicos para ese antígeno. Los anticuerpos aglutinan las moléculas que tienen el antígeno considerado hostil, para así eliminarlas mejor.

Descubrió que los glóbulos rojos de cada persona poseen un tipo determinado de antígeno. Landsteiner descubrió tres tipos de antígenos en los glóbulos rojos, lo cual le permitió clasificar la sangre humana en tres grupos: O, A y B. Posteriormente, los alumnos de Landsteiner descubrieron un cuarto grupo: el AB.
Como las sangres del mismo grupo tienen el mismo antígeno, un receptor no rechazará la sangre de un donante de su grupo. Tampoco rechazará la sangre del grupo O, aunque la suya sea de otro grupo, porque la estructura química del antígeno del grupo O es más simple y es compatible con las estructuras de los demás antígenos. El antígeno de la sangre O no se ve como una amenaza para el organismo.

En suma, el doctor Landsteiner descubrió la razón por la cual unas personas fallecían después de una transfusión de sangre y otras no: sus sangres no eran compatibles
Este descubrimiento le hizo merecedor del premio Nobel.

Posteriormente, los naturópatas James y Peter D’Adamo hicieron otro descubrimiento. “Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión”