vacunas El malestar de los niños después de las vacunas
La mayoría de los padres detectan el malestar que experimentan sus hijos después de que sean vacunados. Sin embargo, es importante recordar que las ventajas de la inmunización superan con creces los efectos secundarios. Las vacunas protegen a los niños de una serie de enfermedades. Los bebés nacen con ciertos anticuerpos que combaten las infecciones.

Otros anticuerpos los reciben de la leche materna, cuando son amamantados. Sin embargo, la protección de estos anticuerpos es temporal. Para que reconozcas los síntomas de ese malestar tras la vacunación, aquí tienes una pequeña lista que te va a servir de ayuda:

- Enrojecimiento o hinchazón en la zona en la que se ha inyectado la vacuna
- Dolor o sensibilidad en el área donde se aplicó la inyección
- Fiebre leve a moderada
- Irritabilidad

Estas son reacciones comunes que no debe preocupar excesivamente a los padres. Los síntomas suelen desaparecer en 24-48 horas. La fiebre es un signo de que el sistema inmunológico del cuerpo está luchando contra los organismos introducidos. De esta forma, el cuerpo ya queda preparado para futuras infecciones. Aunque estas reacciones son leves, existen casos muy raros, en los que algunos niños pueden desarrollar reacciones severas a ciertas vacunas.

Estas reacciones pueden manifestarse en forma de problemas respiratorios, sibilancias, urticaria, debilidad, desmayos o mareos y latidos cardíacos irregulares. En el caso de que un bebé desarrolle este tipo de reacciones, se debe acudir inmediatamente al médico. Las vacunas son cepas debilitadas de organismos causantes de enfermedades que se introducen en el cuerpo. El organismo reconoce a estos organismos como cuerpos extraños. El sistema inmunitario los destruye y los “recuerda”.