El test de la alergia
La forma más sencilla de determinar si una persona padece de alergia a algún elemento es realizándole el llamado “prick test” en la consulta médica. Es una prueba muy simple.

El médico desinfectará, con éter por ejemplo, la cara interna del brazo, que es donde se realiza la prueba. Tras ello acudirá con una serie de frasquitos: cada uno contiene un alérgeno, es decir, una sustancia susceptible de producir alergia. Marcará con un bolígrafo una serie de puntitos, divididos normalmente en dos filas; al lado de cada puntito colocará con un cuentagotas una gotita de cada alérgeno. Una de las gotas es de agua o solución salina, que no produce ninguna reacción alérgica; otra gota es de histamina, que siempre producirá alergia: la aplicación de estas dos gotas se realiza como método de control, para ver cómo reacciona el sujeto a esas sustancias y hacer una comparativa con su reacción a los demás alérgenos.

Tras aplicar las gotas, entre diez y una docena normalmente, se realiza un pequeño pinchazo sobre cada una de ellas. No duele y es rápido; es muchísimo menos molesto que una inyección. El pinchazo pone en contacto las sustancias con nuestro organismo.

Hay que esperar un cuarto de hora, durante el cual es probable que pique el brazo un poquito, pero hay que ser pacientes y mantenerse inmóviles. En el punto donde se ha aplicado la histamina es seguro que ha aparecido un bultito o habón, de la misma manera que no habrá reacción en el lugar del agua: por eso son puntos de control. Si sólo se tiene el habón de la histamina no se tiene alergia. Pero pueden aparecer otros habones, de como mínimo 3 mm. de diámetro: si es así, indicarán que se tiene alergia a la sustancia que se encontraba en ese punto. En ocasiones el médico realizará un análisis de sangre para confirmar los resultados del test.