Muchas mujeres amantes del deporte dejan de practicarlo cuando se quedan embarazadas. El miedo a que el feto pueda sufrir algún daño hace que cesen en su práctica deportiva, lo cual supone que se privan de un hábito muy beneficioso para su salud, más en el momento del embarazo. Cuando nos quedamos embarazadas no es necesario dejar de hacer deporte. Simplemente, deberemos tener una serie de precauciones a la hora de realizarlo:

– Bajar el ritmo: Aunque te guste competir, debes bajar el ritmo de los entrenamientos. Es el momento ideal de disfrutar de la práctica del deporte porque sí, por cómo te hace sentir, sin tener que batir récords en todo momento.

– Evitar los movimientos bruscos, los saltos y los deportes que exijan un movimiento constante como el aerobic. Debes practicar el ejercicio sobre un suelo de madera o sobre una superficie absorbente para minimizar los impactos y poderlo practicar con seguridad.

– Tener cuidado con los movimientos que exigen flexionar y extender las articulaciones ampliamente. Los cambios hormonales en el embarazo hacen que los ligamentos sean más débiles y existen mayores posibilidades de lesión. Por ello se deben escoger deportes que no entrañen peligro de lesiones ni de caídas.

– Al hacer ejercicio, tratar de no superar las 140 pulsaciones o sigue el “test de hablar”. Cuando no se pueda compatibilizar el ejercicio con la conversación significa que se está entrenando a un nivel demasiado intenso y debes bajar el ritmo.

– Practica ejercicios para la espalda y las lumbares, que suelen ser donde más dolores sufren las embarazadas. Cuanto más tonificados estén dichos músculos, menos molestias sentirás.

– Si sientes mareo, te falta el aliento o te duele la espalda, el cuello o el pubis, debes dejar de hacer ejercicio inmediatamente.