Tras un accidente o debido a complicaciones de alguna enfermedad, es posible que una persona llegue a un estado de coma. En este estado, la persona está vida, pero es incapaz de moverse o de interaccionar con su entorno.

El estado de coma suele durar entre 2 y 4 semanas, aunque hay veces que puede durar años o incluso décadas. Una vez superado el coma, la existencia de secuelas o no dependerá de la causa y la severidad de la lesión, así como del lugar en el que esté localizada. Por ello, algunas personas presentan secuelas y otras no.

Las lesiones o problemas que pueden ocasionar el estado de coma son, entre otros:

– Hemorragias cerebrales.

– Infartos cerebrales.

– Encefalopatía hepática, o dialítica.

– Hipoglucemia.

– Cetoacidosis.

– Coma diabético.

– Intoxicación o envenenamiento.

– Traumatismos cerebrales y craneales.

Para tratar el estado de coma, se tratará la causa que lo ha originado, para lograr el restablecimiento de los signos vitales y los niveles de azúcar adecuados al organismo.

La persona en coma debe estar aislada y vigilada, al tiempo que recibe todos los cuidados necesarios tanto para su higiene como para el movimiento corporal, con el objetivo de evitar infecciones y problemas en la piel.

En otras ocasiones el coma no es derivado de la enfermedad o la lesión, sino que se le induce al enfermo a un estado de coma mediante medicamentos, lo que se denomina coma inducido. Esta medida es tomada por los médicos cuando, debido a alguna lesión cerebral, sanguínea u ósea, nuestro cuerpo ya no puede controlarse a sí mismo. En estos casos se le induce el coma para posibilitar la curación, manteniendo al enfermo en un estado de inconsciencia constante y regulado.