Fábrica de energía
La mayoría de la gente no piensa demasiado en los alimentos que comen, excepto si de vez en cuando se dan un atracón. El proceso de la digestión en realidad es bastante fascinante. Nuestro cuerpo es básicamente una fábrica que utiliza los alimentos como materia prima para producir energía y como materiales de construcción celular. La comprensión del proceso puede hacernos tener una idea de por qué algunos alimentos no nos viene bien.

Como cualquier máquina, nuestro cuerpo solo funciona a un nivel óptimo si se mantiene bien. La digestión comienza en realidad en cuanto el alimento toca la lengua. Masticar la comida hace que rompamos la comida en trozos más pequeños para permitir que las enzimas digestivas puedan trabajar más eficientemente en una superficie más grande. Masticar también desencadena la liberación de saliva, que contiene una enzima llamada amilasa.

La amilasa contiene hidratos de carbono que se dividen en glucosa, un azúcar básico. Después de tragar, la comida viaja a través del esófago hasta el estómago, el cual sirve como una especie de tanque de proceso. Debido a que comemos más rápido de lo que se vacía el estómago, este debe ser capaz de almacenar comida mientras se procesa.

La pared interior del estómago tiene un revestimiento especial formado por una gruesa mucosa que lo protege de los jugos digestivos altamente corrosivos. Algunas personas no pueden producir suficiente cantidad de este moco, y sufren de “acidez estomacal”, u otros problemas similares, cuando los jugos digestivos irritan el revestimiento del estómago. Esta es una pequeñísima parte del proceso pero, como puedes observar, si no tenemos nuestra “máquina” en buen estado podemos tener diferentes problemas.