Frecuencia cardiaca y ejercicio
Cuando realizamos ejercicio físico, sobre todo si se trata de ejercicios aeróbicos, es importante medirnos la frecuencia cardiaca tanto para saber cuál es nuestro estado de forma como para lograr que el entrenamiento sea mucho más eficaz. Además, de este modo podremos constatar si el ejercicio que hemos elegido supone un esfuerzo demasiado grande para nuestro cuerpo o si por el contrario podemos aumentar el nivel un poco más.

Para quemar grasas y perder peso con el ejercicio, deberemos mantener la frecuencia cardiaca en un nivel entre las 120 y 160 pulsaciones por minuto. En este punto es cuando nuestro cuerpo comienza un proceso denominado lipolisis, por el cual se queman grasas durante la actividad física y que suele comenzar cuando hemos realizado un ejercicio moderado durante un periodo de entre 15 o veinte minutos.

Es por esta razón por la que, para que el ejercicio sea efectivo, deberemos realizarlo por un periodo mínimo de treinta minutos.

La forma más sencilla para tomarnos la frecuencia cardiaca es contarnos las pulsaciones colocando la yema de los dedos índice y corazón sobre la arteria carótida, situada en el cuello, que es donde podremos tomarla con mayor precisión. Después utilizando un cronómetro contaremos las pulsaciones durante quince segundos y después multiplicaremos el resultado por cuatro para conocer nuestra frecuencia cardiaca. Si lo preferimos, también podemos tomarlas en la cara interna de la muñeca con los mismos dedos. Nunca utilizaremos el pulgar, ya que este dedo tiene pulso y la medición no sería exacta.

Si queremos controlar esta frecuencia de forma más exacta para verificar mejor cuál es nuestro estado de forma y cómo está respondiendo nuestro cuerpo al ejercicio, podemos optar por un aparato parecido a un cinturón torácico que nos colocaremos en el pecho mientras estemos realizando el ejercicio, que nos permitirá verificar en cada momento con total exactitud cuáles son nuestras pulsaciones.