agresivitat
El origen del comportamiento agresivo es tan primitivo como complejo. Los factores que lo provocan son numerosos y variados, por lo que habría que analizar el fenómeno en su conjunto para poder comprenderlo.

Según el psicoanálisis, dentro de cada uno de nosotros existe una lucha entre los impulsos instintivos (libido y agresión) que requieren su satisfacción inmediata. Esta necesidad choca contra las exigencias de la realidad que nos obliga a reprimir los impulsos, y gracias a este proceso nace la cultura. En otras palabras, todos nacemos con un potencial de impulsos instintivos que pueden ser canalizados hacia fines constructivos. Si en nuestro proceso de aprendizaje, durante la juventud, esto no se consigue, prevalecerán los impulsos destructivos, inclusive hacia nosotros mismos.

Actualmente los expertos coinciden en que el factor que más incide sobre la conducta agresiva es el de la condición social. El fracaso y la frustración son, en gran medida, sus detonantes.

Es importante destacar que, si bien la agresividad está ligada a la estructura del ser humano, el comportamiento agresivo también se aprende. Por ello, son fundamentales los modelos de conducta durante el proceso de aprendizaje en la niñez, en especial de las personas amadas o admiradas. Es aquí donde la figura de los padres desempeña una labor crucial al enseñar a sus hijos como canalizar sus impulsos.

Reconocer y comprender la agresividad

– Agredir a otros sólo sirve para perder la estima de los demás y, según el grado de violencia, acabar en prisión.
– La represión total de los sentimientos agresivos genera conductas autoagresivas que se traducen en apatía, depresión o enfemedades psicosomáticas.
– En tanto que la agresividad forma parte del ser humano, cierta dosis de empuje es necesaria para la supervivencia. Hemos de aprender a manejar este impulso de una forma lo suficientemente creativa como para no perjudicar al prójimo.

Pero este reconocimiento de la propia agresividad puede costarnos mucho trabajo, ya que es inaceptable socialmente expresar sentimientos de ira, enfado o celos. Esta hipocresía social anula la capacidad de comprender al ser humano en su totalidad. Además, al considerarse un tema tabú, la agresividad resulta más atractiva a ciertos individuos.

Educación

Una vez reconocida y comprendida la agresividad, el siguiente paso es la sublimación de los instintos primarios, es decir, posponer su satisfacción inmediata para otro momento más conveniente, o canalizar la energía hacia fines constructivos. Podemos encontrar muchas opciones donde elegir una reacción consciente y responsable cuando nos encontremos en situaciones cargadas de agresividad. Por citar algunos ejemplos, cuando el autobús que esperamos se retrasa, en lugar de explotar de impaciencia, podemos optar por aprovechar para leer el diario o repasar mentalmente las actividades del fin de semana. En el caso de los padres, cuando se rompe un juguete y el pequeño llora y patalea de rabia, pueden ofrecerle la opción de tratar de arreglarlo o comenzar a ahorrar para comprar uno nuevo.

¿Agresividad por sexos?

Numerosos estudios han demostrado que la testosterona (hormona masculina) no es indicativo de mayor índice de agresividad. Por tanto, se descarta la antigua creencia de que el hombre es más agresivo por tener mayores niveles de esta hormona. Así, la explicación de que las mujeres sean menos agresivas se debe únicamente a que socialmente se las ha condicionado a que sean pacíficas.

Para una convivencia pacífica sería fundamental eliminar las injusticias sociales, a nivel colectivo, y obrar siendo conscientes de nuestros actos, a nivel individual. El temor y la obediencia ciega no son el camino para llegar a una actitud responsable.