La alimentación según el grupo sanguíneo
Allá por los años 60, el Dr. James D’Adamo se encontraba estudiando las consecuencias de la dieta que se servía en un balneario europeo. Se dio cuenta de que la suave comida que allí se servía, prácticamente vegetariana y con pocas grasas, sentaba muy bien a algunas personas, mientras que a otras parecía perjudicarles. Y tuvo una intuición: si la sangre es la fuente principal de nutrición del organismo, algo tiene que haber en ella que explique las diferentes reacciones a una determinada dieta.

Así, D’Adamo investigó durante muchos años, tomó miles de notas que informaban acerca de las reacciones de las personas a los alimentos. Y llegó a una conclusión: el grupo sanguíneo de un individuo determina cuál es el tipo de alimentación que es más conveniente para él. Así por ejemplo, se dio cuenta de que las personas de grupo A se sentían mejor consumiendo alimentos vegetales; sin embargo, a las del grupo O les sentaba muy bien la carne. También constató que el ejercicio más saludable difería en función del grupo: el A mejora con ejercicios suaves como el yoga o el tai-chi, mientras que el O está en su ambiente practicando deportes más fuertes, por ejemplo el aeróbic, la natación o la marcha.

Su hijo James D’Adamo, naturópata de profesión, siguió con las investigaciones, estableciendo el tipo de alimentación y el ejercicio saludables para cada uno de los cuatro grupos sanguíneos. Pero llegó más allá: según sus investigaciones, el grupo de la sangre predispone a sufrir unas u otras enfermedades y la salud depende en buena medida de lo que comemos.

El motivo de todo esto es que los alimentos contienen unas proteínas llamadas lectinas. Si la lectina de un alimento concreto no es compatible con el antígeno del grupo sanguíneo de la persona, se producirán reacciones adversas en el organismo.

En siguientes posts explicaré los alimentos y ejercicios convenientes para cada grupo sanguíneo, según D’Adamo.