La desconocida enfermedad de Ménière
La enfermedad de Ménière afecta al oído interno por causa desconocida, caracterizada por vértigo, que suele manifestarse anteriormente de acúfenos o tinnitus, hipoacusia y náuseas. Las crisis vertiginosas aparecen casi siempre en episodios repentinos que pueden durar horas. Sin embargo, el acúfeno y la sensación de mareo pueden permanecer días en quienes padecen este síndrome.

Estos síntomas también pueden ser causados por una infección en el oído, un trauma cerebral o infecciones persistentes del tracto superior respiratorio. El abuso de aspirina, que puede producir ototoxicidad, parece estar también involucrado en la aparición de la enfermedad, especialmente en niños. Los síntomas pueden incrementarse por el abuso de cafeína o incluso sal.

A pesar de que los médicos no han podido determinar con exactitud el origen de la desconocida enfermedad todo parece apuntar que es debida a un mal funcionamiento del sistema endolinfático del oído interno, responsable directo del sentido del equilibrio. El problema que produce es una dilatación del canal endolinfático coclear por un aumento del volumen de la endolinfa.

En general, se diagnostica por exclusión de otras causas de vértigo. Se requiere examen neurológico completo, una audiometría, una resonancia para excluir causas de tipo tumoral. Si no se descubre nada pero los vértigos persisten, se termina diagnosticando el síndrome de Ménière.

El tratamiento puede ser diverso, principalmente orientado a bajar la presión del oído interno. Se recomienda reducir la ingesta de sal para minimizar la retención generalizada de líquidos. En el caso de infecciones respiratorias, alergias o sinusitis, se intentará aliviar los síntomas con antihistamínicos, anticoligénicos, esteroides o incluso diuréticos. Para los síntomas directos y como alivio inmediato, se podrán usar antieméticos y benzodiazepinas.

En casos extremadamente graves, se puede intentar la cirugía en los canales semicirculares, el nervio vestibular o la laberintectomía, aunque son métodos desaconsejados ya que a pesar de eliminar completamente los síntomas, también eliminan la sensación normal de equilibrio del paciente, provocando una peor calidad de vida.