La marcha es el deporte más natural e idóneo para todas las edades. Tiene la ventaja de ser un ejercicio físico poco violento y, además, permite disfrutar del medio ambiente. Veamos, paso a paso, los beneficios que aporta para nuestra salud y bienestar:

Activación de las funciones fisiológicas

Refuerza el aparato locomotor ya que , al practicarla, se ponen en movimiento las articulaciones de la cadera, las rodillas y los tobillos. Los pies, particularmente, se ven obligados a utilizar todas sus articulaciones, al mismo tiempo que se tonifican sus cartílagos y ligamentos.

Refuerzo de la musculatura

Durante el impulso y el apoyo, los músculos trabajan permanentemente. La repetición de los movimientos conlleva un masaje continuo y una acción de drenaje, permitiendo eliminar líquidos y evitando la infiltración de las células grasas.

Regulación del aparato digestivo

El movimiento constante favorece las secreciones digestivas y la actividad del intestino aumenta gracias al masaje permanente del peritoneo por los músculos abdominales. Por tanto, el tránsito intestinal también se regula, evitando que se produzca el estreñimiento.

Mejora del rendimiento cardio-pulmonar

Al estimular el corazón, se acelera la respiración y la circulación. Este esfuerzo moderado resulta muy beneficioso para el músculo cardíaco, ya que aumenta el grosor de sus paredes para adaptarse a la actividad. Además, al hacer trabajar el músculo cardíaco, su frecuencia disminuye, resultando excelente para la salud.

Estimulación de las defensas

Es la mejor manera de mantener en alerta los mecanismos de defensa contra agresiones externas (frío, calor, lluvia o viento). Al practicar la marcha durante todas las estaciones del año, nuestra temperatura interna se ajusta constantemente. Esto le convierte en la mejor garantía contra los resfriados.

Como practicarla

Esta actividad, contrariamente a la carrera, no causa fatiga debido al contacto permanente con el suelo. El ritmo depende de cada persona, de sus capacidades físicas y no se ha de forzar nunca.

Factores a tener en cuenta

Principalmente hay que valorar las condiciones atmosféricas, la longitud del trayecto, la edad, las condiciones físicas y el peso de la mochila. Si vamos a practicar la marcha sobre terreno plano se necesita un mínimo de energía, mientras que en las subidas precisaremos un trabajo muscular más intenso. Es aconsejable acortar el paso para aumentar el tiempo de apoyo en el suelo, inclinar el busto hacia delante y armonizar la respiración. Sobre todo, debemos caminar despacio para evitar fatigarnos rápidamente.

Respecto al equipo, no conviene sobrecargar innecesariamente la mochila. El calzado ha de ser suficientemente cómodo y acorde al terreno.

Como evitar el cansancio

La marcha produce un gran consumo energético con la consecuente deshidratación y fatiga. Si el esfuerzo es muy intenso, se dificulta la eliminación de toxinas y pueden aparecer migrañas o vómitos. Si bien, el cansancio es inevitable, veamos como podemos disminuirlo:

– Iniciar la marcha despacio para calentar la musculatura.
– Adaptar el paso según las condiciones del terreno.
– Mantener el mismo ritmo respiratorio para evitar sofocos.
– Proteger los pies evitando obstáculos que puedan dañarlos.
– Hacer pausas o descansos de 10 minutos por cada 50 de marcha. Tras ello, hay que calentar de nuevo.
– Comer para evitar el hambre, ingiriendo azúcares rápidos ya que en cuestión de minutos alcanzan su máxima concentración en la sangre, evitando de este modo que aparezca el hambre.
– Beber moderadamente, sin esperar a tener sed.
– Acabar la marcha a ritmo lento, de manera que el organismo vuelva progresivamente a su ritmo normal.