
Un nuevo año siempre parece traer la necesidad de “ponerse en forma” pero, por ejemplo, la tasa nacional de obesidad en países como Estados Unidos, sigue superando el 30%. Asumir la pérdida de grasa es (o debería ser) una prioridad para muchos de nosotros. Por desgracia, no es tan fácil como los anuncios de la tele nos hacen creer.
Esto no sucede en una semana, y no hay ninguna pastilla, crema o ejercicio especial que se pueda hacer tumbado que se pueda hacer para acelerar el proceso. La pérdida de grasa se produce a través de un conjunto muy particular de circunstancias dentro de tu cuerpo. La palabra “calorías” no fue creada para que te sientas culpable por comer. Es solo una unidad de medida que define la energía.
Cada caloría es un pequeño paquete de energía que tu cuerpo utiliza para funcionar por sí mismo. Cuando le das a tu cuerpo la cantidad adecuada de energía, este mantiene su peso. Cuando le das demasiadas, el peso comienza a aumentar. Hay que tener cuidado por que los excesos no son buenos. Si se intentan perder calorías con demasiada rapidez el cuerpo comenzará a romper el tejido muscular para obtener energía.
Se deben mantener las reservas de grasa en su lugar para cuando las cosas se ponen realmente difíciles. Esa es una mala noticia porque el tejido muscular requiere más energía para sobrevivir que la grasa. El tejido muscular funciona para ti, te hace más fuerte y menos propenso a las lesiones, además de mantener tu cuerpo funcionando a un nivel superior. Se necesitan calorías para mantener un cuerpo musculoso.
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