Las convulsiones en la epilepsia
Las convulsiones de la epilepsia son una especie de explosión incontrolada. Se produce una actividad anormal eléctrica y química que se propaga rápidamente entre las células nerviosas (millones y millones) del cerebro. Un ataque puede comenzar en una región del cerebro (el “foco”) y extenderse a otras partes. Los primeros síntomas de un ataque, reflejan la función de esa parte del cerebro que primero se ve afectada por la actividad epiléptica.

Una convulsión que inicialmente sólo provoca las contracciones de una mano y luego pasa a convulsiones con pérdida de conciencia, por ejemplo, refleja la actividad que se inicia en la parte frontal de un hemisferio y luego se extiende a otras áreas más extensas en ambos lados del cerebro. Las convulsiones, pueden ser la única manifestación de la enfermedad y pueden ser causadas por un trastorno específico del cerebro.

La epilepsia primaria es la que hace referencia a las convulsiones. A menudo se observan en niños y adolescentes, donde el cerebro es anormalmente propensa a tener una actividad convulsiva, probablemente debido a una tendencia hereditaria. Las convulsiones secundarias, en cambio, suelen ser debidas a la propagación de un foco epiléptico (una cicatriz). Por último, las convulsiones aisladas pueden estar relacionadas con una enfermedad médica subyacente transitoria, y se detendrá tan pronto como la condición subyacente se vea sometida a un tratamiento eficaz.

Estas condiciones subyacentes pueden ser: insuficiencia de órganos (hígado o insuficiencia renal), infecciones como la meningitis, traumatismo de cráneo, cirugía cerebral, abuso de drogas y alcohol. En todas las formas de epilepsia que existen, el estrés, la privación del sueño, cambios en la dieta o medicamentos, el alcohol, determinadas actividades específicas, etc. pueden precipitar los ataques individuales.