
El hecho de evadirse no implica necesariamente abandonar nuestro lugar o intentar alcanzar aquello que ansiamos. Las razones que nos empujan a huir pueden ser completamente dispares, desde querer tener más conciencia del ser o de la realidad, hasta perderla por completo. Conocer las causas que provocan esta necesidad de huir nos ayudará a determinar si es un acto de valentÃa o cobardÃa. Sin embargo, independientemente de la magnitud de este acto, el hecho de huir no está exento de ciertas matizaciones morales.
Asà pues, en lugar de distinguir entre evasión valiente o cobarde, hablamos de evasión culpable o inocente. En esta última entrarÃa el uso de videojuegos o la práctica de deportes de riesgo, por citar algunos ejemplos. En la culpable, por su parte, podrÃamos citar el hecho de declararse insumiso ante una orden de reclutamiento militar.
Pero la evasión culpable por excelencia, y más frecuente en nuestros dÃas, es el consumo de sustancias psicoacivas (drogas, alcohol, ciertos psicofármacos). Estas sutancias se clasifican en tres grupos:
a) Las que prometen alguna manera de obtener la paz moral (alcohol, éter); como calmante directo (morfina y codeÃna); por inducir a la euforia (heroÃna); por asfixia del cerebro (neurolépticos); o por conllevar embotamiento anÃmico (barbitúricos, sedantes y tranquilizantes). Ahora bien, el abuso en el consumo de estas sustancias conduce irremediablemente a la adicción. Únicamente se diferencian en el grado de afectación del sÃndrome de abstinencia.
b) Las que prometen algún tipo de energÃa como cocaÃna, cafeÃna, crack, algunos tipos de aminas, etc. No producen sÃndrome de abstinencia, propiamente dicho, pero el abuso de estas es más perjudicial a nivel psicosomático. Esto es debido al gran rendimiento inicial a que está sometido el organismo, y al que sigue inevitablemente el colapso.
c) Las que prometen alguna forma de evasión psÃquica, ya sean menores (cáñamo, éxtasis o algunas drogas de diseño), como mayores (LSD, ketamina, mescalina, psilobicina, STP). Se distinguen, además, por no ser adictivas, tener Ãndices de toxicidad relativamente bajos y presentar peligros extraorgánicos. Están totalmente desaconsejadas en casos de psicosis y su uso requiere un minucioso exámen, por parte de un experto, para explorar sus posibilidades de expandir la conciencia.
La pervivencia de la angustia, la rutina o la apatÃa como enemigos eternos de la salud anÃmica, explica el consumo de estos remedios desde tiempos inmemoriales. Hoy dÃa sabemos, que en muchos casos, estas sustancias emulan a los neurotrasmisores, encargados de transmitir los impulsos nerviosos entre las neuronas.
Por tanto y sin entrar en consideraciones legales, buscar el estado de ánimo óptimo por medios quÃmicos puede deberse al coraje o la falta de valor, pero es, en definitiva, un acto natural como beber o comer.







































