Las molestas agujetas
Todos en algún momento de nuestra vida hemos hecho más deporte del que estamos acostumbrados a practicar, o hemos realizado gestos que no acostumbramos a hacer. En cualquiera de estos dos casos, seguramente hemos tenido agujetas. ¿Quién no?

El lenguaje médico se refiere a las agujetas con las palabras “mialgia diferida”, aunque el término popular es realmente más descriptivo: verdaderamente parece como si se nos clavaran pequeñas agujas en el músculo.

La explicación más común de por qué surgen las agujetas se basa en la acumulación de ácido láctico en los músculos, el cual cristaliza y provoca el dolor. Sin embargo, esta teoría ha sido descartada, porque se ha demostrado que las personas que sufren el mal de McArdle, y que por tanto no pueden producir ácido láctico, también tienen agujetas. El descarte de esta explicación hace que no tenga sentido beber agua con azúcar durante o después del ejercicio; eso se hacía porque se creía que el agua con azúcar disolvía la cristalización del ácido láctico.

La teoría más aceptada hoy en día por la comunidad médica es la que postula que el dolor se debe a microrroturas de las fibras musculares producidas por realizar ejercicios a los que el músculo no está acostumbrado. Esta rotura produce una inflamación, que parece ser que es más responsable del dolor que la rotura misma.

Basándonos en esta última teoría, el alivio de las agujetas debe ir por otros derroteros que no son los tradicionales que pasaban por ingerir azúcar. Así, los antiinflamatorios pueden ser eficaces, aunque hay estudios que señalan que el ibuprofeno y el naproxeno sí funcionan, pero no la aspirina. Los aceites de pescado con alto contenido en ácidos grasos omega-3 son beneficiosos, pues tienen poder antiinflamatorio. Asimismo, los fisioterapeutas aconsejan recibir masajes en la zona y realizar ciertos ejercicios especiales.