Se denominan ampollas aquellas protuberancias, llenas de líquido, formadas bajo la piel y ,generalmente, localizadas en los pies. Se producen como reacción a la fricción continuada y excesiva del calzado.

Aunque los principales afectados son los deportistas, lo cierto es que las ampollas pueden surgir como consecuencia de cualquier actividad que produzca fricción. También suele presentarse cuando se camina durante cierto tiempo con calzado nuevo. Las zonas del pie más afectadas suelen ser los talones y los dedos de los pies, especialmente, por llevar zapatos puntiagudos, apretados o tacones altos. Incluso, el material sintético con el que se fabrican ciertos tipos de calzado, pueden producir problemas como consecuencia de la transpiración inadecuada.

El primer síntoma de una fricción excesiva es la formación de una bolsa en la capa externa de la piel. Si no se le presta atención, esta se va haciendo más grande hasta que revienta y el dolor se hace más patente.

Cuidados

Ante la aparición de una ampolla, primero se ha de limpiar la zona con agua y jabón. Una vez se ha secado bien, se aplica un antiséptico y se tapa con un apósito para evitar la fricción y la presión. Existen algunos, especialmente indicados para estos casos, que absorben la humedad y se dejan actuar hasta que se desprenden por sí solos. En el momento que la ampolla contiene líquido en su interior, se pincha con una aguja esterilizada para eliminarlo y sin retirar la piel muerta. Después, se vuelve a tapar para que siga el proceso de cicatrización.

Lo que no se debe hacer: tocar la ampolla con las manos sucias, utilizar alcohol u algodón, colocar esparadrapo directamente sobre la zona, retirar el apósito bruscamente, apretar o recortar la piel de la ampolla.

Dado que el calor provoca la aparición de las ampollas, conviene mantener los pies secos y utilizar calzado que facilite la transpiración. En muchas ocasiones, el sudor en los pies hace que estos resbalen dentro del zapato y ,en consecuencia, aparezca este tipo de lesión. Así mismo, conviene evitar las arrugas en los calcetines y utilizar un calzado inadecuado, especialmente si se camina más de lo habitual.

Si se va a practicar alguna actividad que implica caminar en exceso hay que ajustar el pie al calzado utilizando varios calcetines: unos finos en contacto directo con el pie, de tejido sintético transpirable o algodón, y sobre estos, unos más gruesos pero con las costuras hacia fuera (al revés de cómo lo hacemos habitualmente). Existen algunos tipos de calcetines, fabricados con fibras especiales, que no producen ampollas y se venden en tiendas de deporte. También, en las farmacias se pueden encontrar productos que actúan como lubricante natural y evitan la fricción. De esta forma se puede conseguir evitar la aparición de las ampollas y las rozaduras, tanto en los pies como en cualquier otra parte del cuerpo.

Higiene

Con la llegada del calor aumenta el sudor y el mal olor de pies. Aunque este molesto trastorno se puede dar durante todo el año, con el aumento de la temperatura se agrava. Por ello, tener una buena higiene es fundamental para mitigar el problema: lavar los pies diariamente con agua tibia y no más de diez minutos para evitar que la piel se reblandezca; utilizar un jabón neutro; secar bien los pies, sobre todo entre los dedos, ya que los gérmenes suelen proliferar en la humedad; aplicar, de forma complementaria, algún producto con efecto antitranspirante y desodorante.