obsesiu
Muy al contrario de lo que se cree de forma generalizada, el apego lleva intrínseca la destrucción de nuestra paz interior y, en consecuencia, de nuestra salud emocional.
Tras la consecución de un deseo que hemos anhelado, casi de forma obsesiva, viene irremediablemente el sufrimiento por el temor a perderlo. Un temor que, día a día, nos llega a envenenar con la ansiedad.

La definición del apego sería algo así como el afán de controlar todo cuanto queremos que sea para, y nadie más, que nosotros. Esto conlleva la creencia de que lo que es nuestro es imprescindible para nuestra felicidad. Pero nada más lejos de la realidad. El apego, paradójicamente, nos separa de aquello a lo que estamos apegados, debilitando nuestro bienestar y libertad.

Cuando creemos que nuestra felicidad depende de la persona amada, la obsesión por conservarla siempre a nuestro lado, nos conduce de forma inevitable al temor. De este temor surgen las actitudes defensivas que nos empujan, sin remedio, al abismo de los celos.
Así mismo, además de afectar negativamente a nuestras relaciones amorosas, el apego también desvirtúa y corrompe nuestros objetivos profesionales, que devienen en obsesión por el reconocimiento.

Pero, ¿cómo vivir sin apego?. Comprendiendo que todo cuanto necesitamos para conseguir la felicidad está dentro de nosotros. Aceptándonos y sintiéndonos bien con nosotros mismos, hasta llegar al convencimiento de que no necesitamos nada más.
La trampa del deseo siempre nos hará creer que la felicidad está por llegar. Pero la felicidad se encuentra en cada instante que vivimos, siendo plenamente conscientes de que cada momento es único e irrepetible.

Conseguir el equilibrio nos capacitará para desvincularnos del apego hacia todo lo demás. Dar lo que somos y agradecer lo que la vida y las personas nos ofrezcan, pues en esta vida todo es efímero y sometido a constantes cambios. Nuestro privilegio es disfrutar de las cosas en su temporalidad.