Los cálculos renales
Aunque pueden presentarse en cualquier etapa de la vida, los cálculos renales o piedras en el riñón se dan con más frecuencia entre los 30 y los 55 años. Su incidencia es mayor durante los meses de calor pues, según los especialistas, se debe a la falta de hidratación. En verano se elimina más líquido a través del sudor, por tanto si no ingerimos el agua necesaria, en la orina se produce una mayor concentración de las sustancias que originan los cálculos.

Síntomas

Normalmente la orina tiene un color transparente, pero si advertimos una tonalidad excesivamente amarilla u oscura puede ser síntoma de que existe alguna alteración en los riñones o en los conductos de expulsión. Si, además del color, aparece dolor abdominal, en las ingles, en un lado de la espalda, fiebre, náuseas y escalofríos significa que los cálculos son de un tamaño considerable.

Tipos de cálculos por sexos

Este tipo de patología se da con más frecuencia en varones, sobre todo si se trata de cálculos formados por oxalato cálcico. Ahora bien, las mujeres que padecen de frecuentes infecciones de orina son propensas a desarrollar cálculos formados por estruvita (un tipo de cristal). Estos suelen ser muy problemáticos ya que suelen adquirir un gran tamaño.

Expulsión

Muchas personas expulsan a través de la orina pequeñas formaciones cálcicas o arenilla, sin apenas percibirlo. Sin embargo son más propensas a sufrirlos ya que en sus riñones y vías urinarias, posiblemente, se vayan acumulando hasta formar un cálculo de mayor tamaño. Generalmente, si la piedra es menor de 4 milímetros existe un 90% de probabilidades de expulsarlo por la orina. En cambio, si es mayor de 6 milímetros, las probabilidades son, tan sólo, del 10%.

Dolor agudo y cólico nefrítico

Si se produce un ataque de dolor agudo hay que acudir al médico inmediatamente. Mientras tanto se puede calmar el dolor aplicando un poco de calor en la zona. En caso de que el dolor aparezca de forma brusca y su intensidad sea insoportable, estaremos ante un cólico nefrítico. Este suele tratarse con analgésicos o antiinflamatorios para controlarlo, además de aumentar la ingesta de agua, guardar reposo y aplicar calor local. Mantener la calma también es importante pues el dolor influye en el estado emocional de la persona haciéndole estar en tensión continuamente.

Los cálculos renales
Cirugía

La cirugía no es la solución para todas aquellas personas que padezcan esta enfermedad. Dependiendo del tamaño del cálculo, se puede practicar una ureteroscopia para retirarlo a través del conducto urinario, sin necesidad de pasar por el quirófano.

Alimentación

Tras un estudio del tipo de cálculos de cada paciente, el médico recomendará la alimentación más adecuada en cada caso. Hay alimentos como las espinacas, las judías, la remolacha o los pimientos verdes, que tienen un elevado contenido en oxalato cálcico. Evitar tomarlos, al menos de forma habitual, puede ayudar a prevenir la formación de los cálculos de oxalato. Para aquellas personas que hayan padecido algún cólico nefrítico, es recomendable que no realicen esfuerzos físicos intensos y eviten las comidas copiosas.

Otras causas

Según estudios recientes, las personas que han sido sometidas a un bypass gástrico (procedimiento quirúrgico para reducir el estómago) pueden sufrir anomalías minerales y electrolíticas (de electrólisis, proceso que consiste en separar un compuesto en sus elementos), siendo más proclives a desarrollar cálculos renales.

Una vez más, queda demostrado que el agua es una gran aliada de nuestro organismo. Aunque la cantidad depende del tipo de actividad que realicemos y del grado de calor, ante este tipo de patología se ha de extremar su consumo.