Los cinco sistemas indispensables para la vida
Dentro de nuestro organismo existen diferentes órganos y tejidos que realizan su propia función, no de forma independiente, sino estrechamente relacionados con los demás. Los huesos, por ejemplo, además de ser un gran engranaje, sirven como defensa ante las enfermedades. En su interior se producen los linfocitos, unas células que combaten a los virus y las bacterias. Por su parte, los riñones tienen la función de filtrar la sangre y controlar la cantidad de agua en nuestro organismo. Todas estas funciones son posibles gracias al incansable trabajo de nuestro cerebro. Sirviéndose de una serie de sensores que se distribuyen por todo el organismo, nuestro “ordenador central” está continuamente informado de todo cuanto sucede y toma las decisiones necesarias, sin que seamos conscientes.

Esta compleja máquina está constituida por elementos esenciales, sin los cuales no sería posible la vida, como el oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el nitrógeno. El agua es el constituyente más abundante en nuestro organismo (un 60 por ciento) y es el resultado de la combinación de estos átomos para formar moléculas inorgánicas. Los lípidos, glúcidos o proteinas, clasificados como moléculas orgánicas, también son producto de esta combinación atómica. A nivel químico, existen otros elementos que están presentes en menor proporción, como calcio, fósforo, cloro y potasio.

Cerca de 100 billones de células componen los tejidos y órganos del cuerpo humano, que a su vez, conforman los cinco sistemas principales necesarios para vivir:

Sistema muscular

Los músculos están constituidos por fibras musculares. Estas fibras, además, están formadas por células estriadas, lisas o miocárdicas, según el músculo del cual formen parte: bíceps (estriado), intestino (liso) o corazón (miocárdicas). El control de estos músculos lo realizan unos haces de fibras nerviosas que reciben las órdenes del cerebro. Así, para realizar una sola acción en la que intervienen varios músculos, éstas se coordinan para efectuar la misma operación.

Sistema óseo

La estructura ósea o esqueleto es la encargada de sostener el cuerpo humano. Está formada por 8 huesos craneales, 14 faciales, 52 del cuello, 64 de las articulaciones superiores y 62 de las inferiores. Un total de 200 huesos que se conectan entre sí mediante las articulaciones y los ligamentos, componen la estructura más sólida del organismo. Gracias a las articulaciones es posible el movimiento de esta estructura.

Sistema circulatorio

El corazón, principal motor del cuerpo humano, bombea la sangre a través de la arteria aorta (la mayor de las arterias) a todas las células del cuerpo. Así, éstas reciben constantemente el oxígeno y los nutrientes necesarios para funcionar: de esta interacción se produce un intercambio de sustancias. Posteriormente, la sangre retorna al corazón (ventrículo derecho) a través de las venas cavas y de allí pasa a los pulmones para oxigenarse de nuevo. Finalmente, vuelve otra vez al corazón (ventrículo izquierdo) que la bombea de nuevo a todo el cuerpo.

Sistema de los órganos internos

Dependiendo de su función, los órganos se agrupan en diferentes aparatos:
digestivo, formado por todos los órganos que digieren los alimentos y asimilan las sustancias nutritivas; respiratorio, con los pulmones como principal órgano que inhala el oxígeno y desprende anhídrido carbónico; excretor, con los riñones que filtran las sustancias tóxicas y las expulsan; reproductor, para la procreación….

Sistema nervioso

La información obtenida de los órganos sensoriales, como los ojos o la piel, se transforman en señales y se envían a las fibras nerviosas. Desde allí se transmiten al cerebro o a los centros nerviosos de la médula espinal, que conforman el sistema nervioso central. En este proceso, las señales se convierten en órdenes, haciendo posible que el cuerpo se mueva y tenga consciencia. El sistema nervioso periférico está formado por los centros nerviosos a los que se conectan todas las partes del cuerpo. Y el sistema nervioso vegetativo mantiene las funciones involuntarias como la respiración, la digestión, etc.