fobies
Uno de nuestros instintos más primarios es el miedo, que nos protege de situaciones peligrosas. Sin embargo, cuando la amenaza no es real, puede llegar a convertirse en una auténtica pesadilla. Conocer a este enemigo, producto de nuestra imaginación, nos ayudará a enfrentarnos a él.

El miedo en sí mismo no es una enfermedad, pues es un mecanismo de defensa que llevamos escrito en nuestros genes. Cada fase de nuestro crecimiento conlleva una serie de temores que forman parte de nuestro desarrollo físico, emocional y social.

Primeramente habría que distinguir entre miedo, ansiedad y angustia:

– El miedo es un sentimiento que aparece en el momento que somos conscientes del peligro, y tiene una explicación totalmente racional. Si el peligro es real, la angustia sufrida es proporcional a él, y en algunos casos, llega a condicionar la vida de quien lo ha vivido. Por ejemplo, las personas que han sobrevivido a un bombardeo, reaccionan con miedo ante el ruido de un motor de avión, varios años después del suceso.

– La ansiedad es una sensación, más bien difusa, ante una expectativa, como una señal que nos avisa de un posible peligro o dolor. También se puede sufrir ansiedad cuando nos resulta incomprensible la realidad de nuestro entorno, o cuando ponemos en duda la percepción de nosotros mismos. En definitiva, podemos afirmar que se trata de una sensación en la que se mezclan muchas emociones: miedo, culpa o vergüenza, llegando incluso a perder el control y la voluntad.

– A la hora de definir la angustia, parece que no hay un consenso entre las diferentes escuelas psicológicas. Sin embargo, sí que coinciden en afirmar que no se diferencia del miedo. Ahora bien, cuando la angustia es desproporcionada ante la causa que la provoca, se convierte en patológica.
Una conducta angustiosa también podría obedecer al simple hecho de buscar protección y seguridad ante el peligro. Incluso cuando soñamos, tenemos sensaciones de agobio, pavor, ahogo o incapacidad de movimientos.