felicitat
Popularmente se sabe que las emociones afectan de algún modo la salud. Sería lo mismo que afirmar que si el espíritu sufre, el cuerpo enferma con más facilidad. Por el contrario, si estamos bien psíquicamente y nos sentimos felices, superamos con facilidad los males. Esto implica la existencia de una conexión entre el cerebro (donde residen nuestros sentimientos y estados de ánimo), y el sistema inmunológico (nuestro sistema de defensa ante virus, bacterias o células cancerosas).

La psiconeuroinmunología es una especialidad científica que trata de desentrañar los mecanismos de comunicación entre neuronas, hormonas y células defensoras (linfocitos). Gracias a ello, los investigadores pueden desarrollar nuevas terapias para el tratamiento de la depresión, el cáncer, el sida y otras enfermedades, hasta hoy, incurables.

A raíz de numerosos experimentos realizados, tanto en animales como en humanos, los expertos han descubierto el funcionamiento básico de este complejo mecanismo. En el caso del estrés, por ejemplo, la glándula suprarrenal segrega mayor cantidad de la hormona cortisol, y esta actúa sobre las células defensoras. El responsable de esta actividad glandular es el cerebro, concretamente las áreas del hipotálamo y la hipófisis.

Así, un disgusto induciría al hipotálamo a fabricar la hormona de la corticotropina (CRH). Esta viajaría a la hipófisis, donde estimularía la producción masiva de la hormona adrenocorticotropa (ACTH) que, a través de la sangre, llegaría a la glándula suprarrenal. Una vez allí, la ACTH estimularía la producción de cortisol. Como ya mencionamos, el cortisol tiene la propiedad de inhibir la actividad de las células defensoras (linfocitos). Además, se sabe que también influye sobre el sistema circulatorio. la memoria y el sueño. Curiosamente, el cortisol producido por la glándula suprarrenal hace que el hipotálamo segregue menos CRH y la hipófisis menos ACTH. Y este giro retroactivo del cortisol es lo que evita que los efectos nocivos del estrés se intensifiquen.

Hasta aquí hemos visto como el sistema inmunológico reacciona ante el estado de ánimo del cerebro, pero esta es una vía de doble sentido. Ocurre también que si los linfocitos están sometidos a cierta presión porque están actuando contra algún virus invasor, el cerebro también queda afectado: estamos cansados, de mal humor, etc.
Según las investigaciones, existen uniones anatómicas entre los sistemas inmunológico y nervioso. Lo sorprendente es que las fibras nerviosas están unidas a los órganos responsables del sistema inmune (bazo, ganglios linfáticos y timo) y si se activan estas, el cerebro controla directamente las funciones inmunológicas.

Resulta obvio que las enfermedades nacen y evolucionan en un contexto bio-psico-social: como factor biológico (un agente patógeno o una predisposición genética), como psíquico (el estrés o los conflictos de personalidad) y como social (relaciones con amigos o situación laboral).

El antiguo ideal de perfección humana de “mens sana in corpore sano” (mente sana en cuerpo sano), pese a la dificultad de llevarlo a la práctica, no por ello resulta difícil. En base a esta premisa, muchos hospitales recurren a la psiconeuroinmunología para acelerar la curación de los pacientes mediante la sugestión. Así, no resulta extraño ver payasos donde hay pacientes infantiles, o personas con trastornos psicosomáticos haciendo ejercicios de bio feedback. Y es que gracias a esta disciplina, los expertos aseguran que sus múltiples aplicaciones beneficiosas, aún están por descubrir.

Toda esta explicación científica se resume, prácticamente, en la sabia afirmación de nuestro refranero popular: los pesares provocan enfermedades y la risa es la mejor medicina.