Numerosos estudios constatan los múltiples beneficios que la música produce en nuestra salud, tanto a nivel físico como psicológico. Al parecer, esta actúa como un revulsivo que aplaca el cuerpo y la mente, o bien moviliza.

En algunos experimentos realizados a personas voluntarias sanas, se pudo comprobar como al escuchar un fragmento musical, el pulso, la actividad muscular, la respiración y otras variables fisiológicas, variaban al ritmo de la música. Incluso, una misma persona responde igual cada vez que escucha la misma composición. Otro indicador de estos efectos fue el resultado obtenido en el electroencefalograma, donde se plasmó que la música relajante produce ondas de tipo alfa, propias de un estado sensorial profundo y reposo psíquico.

La últimas aplicaciones de musicoterapia que se han realizando en niños enfermos de cáncer, han demostrado ser de gran utilidad como refuerzo en el tratamiento farmacológico ya que aumentan las posibilidades de recuperación cuando se está aplicando quimioterapia. En esta técnica, los terapeutas aplican procedimientos específicos como la creación de canciones, la improvisación musical o la imaginería musical receptiva, y en cada sesión se utilizan instrumentos musicales, grabaciones, música editada, sonidos corporales, voz, etc. Durante este proceso, el terapeuta registra y analiza los cambios producidos para evaluar la evolución del tratamiento.

De estos estudios se desprende que la música reduce la percepción del dolor, disminuye la tensión arterial y mejora el estado emocional del paciente. Aunque la música por sí misma no cura, su efecto puede tener una implicación más profunda al reducir las hormonas del estrés y estimular el sistema inmunitario.