La pancreatitis es la inflamación del páncreas. El páncreas es una glándula alargada y en forma de cono situada detrás del estómago cuya función es segregar diferentes enzimas digestivas así como hormonas como la insulina y el glucagón, esenciales para mantener el equilibrio del nivel de azúcar en nuestra sangre.

Existen dos tipos de pancreatitis.

– Aguda: Se caracteriza por un fuerte dolor abdominal situado en la parte superior del abdomen y suele estar causado por piedras que proceden de la vesícula (colelitiasis), consumo elevado de alcohol y de grasas. En la mayoría de los casos la enfermedad evoluciona favorablemente y el paciente se restablece en dos o tres días.

– Crónica: En ella el páncreas continúa inflamado después de haber eliminado la causa y haber controlado los síntomas. Su causa más habitual es el alcoholismo.

Lo síntomas más habituales de cualquiera de los dos tipos de pancreatitis son:
– Dolor abdominal que puede extenderse hacia la espalda o el tórax.

– Náuseas y vómitos.

– Aceleración del pulso.

– Fiebre.

– Inflamación de la parte superior del abdomen.

– Color amarillento de la piel y de los ojos.

Para su diagnóstico se realizarán al paciente, entre otras pruebas, una radiografía abdominal, análisis de sangre, ecografía abdominal y colangiopancreatografía endoscópica retrógrada, un procedimiento que le permite al médico diagnosticar y tratar problemas del hígado, la vesícula biliar, los conductos biliares y el páncreas.

El tratamiento dependerá de si es una pancreatitis aguda o crónica. En el primer caso se trata de una urgencia médica, por lo que se aspirará el contenido del estómago y se tratará el dolor con analgésicos. Se prescribe ayuno absoluto y suero intravenoso. En la pancreatitis crónica es imprescindible eliminar toda ingesta de alcohol y se utilizan analgésicos, antiácidos o enzimas pancreáticos.