Parálisis facial de Bell
La parálisis facial consiste en la pérdida del movimiento de los músculos voluntarios en un lado de la cara. Normalmente esto se debe a una inflamación del nervio facial.

En la cara tenemos dos nervios faciales, y cada uno de ellos se encarga de transmitir los impulsos nerviosos a los músculos, permitiendo así movimientos como parpadear, cerrar los ojos o sonreír, así como transmitir las sensaciones de gusto de la lengua. Cuando este nervio se daña se origina la parálisis de Bell

Esta parálisis se puede causar por distintos factores:
– Accidente cerebrovascular: Debido a la pérdida de riego sanguíneo se pierde movilidad en el rostro, así como a otros músculos del lado contrario a aquel del cerebro en el que ha tenido lugar el ictus.

– Tumor cerebral: Suelen desarrollarse de forma lenta, ocasionando parálisis de Bell, así como crisis epilépticas.

– Enfermedad de Lyme

– Excesiva tensión en el sistema nervioso.

– Algunos virus o enfermedades autoinmunes

Los síntomas que nos indican que estamos ante una parálisis facial son:

– Notar sensación de hormigueo o de entumecimiento en un lado de la cara.

– Fuerte dolor de cabeza.

– No poder mover los músculos de la frente.

– Problemas visuales y abundante lagrimeo porque no se puede cerrar bien el ojo de la zona afectada.

Normalmente este tipo de parálisis son temporales, y suelen tener una duración que varía entre las tres horas y los tres días.

Con el tratamiento adecuado, el 70% de estas parálisis se curan adecuadamente, y si son tratadas desde el primer día con cortisona la recuperación llega al 90%. Es necesario, durante el tiempo que dura la parálisis, proteger el ojo de la parte afectada, ya que el párpado no puede hacerlo.