Cualquiera que viva en una gran ciudad es consciente de la gran cantidad de ruido que hay en ellas, tanto de día como de noche: tráfico, cláxons, sirenas, música a gran volumen, etc. Todo ello hace que cada vez sea más difícil para los urbanitas disfrutar del sosiego proporcionado por el silencio y que cada vez sean mayores las patologías provocadas por el ruido.

El nivel de ruido o contaminación acústica ha llegado a tal punto que incluso la Organización Mundial de la Salud ha reconocido que el ruido puede causar en aquellos que están sometidos a él de forma continua síntomas como intranquilidad, ansiedad, rabia, inquietud e incluso depresión. La gravedad de estos síntomas depende tanto de la intensidad del ruido como del tipo de ruido, así como si existen factores emocionales asociados al mismo por parte de quien lo sufre: miedo, impotencia, etc.

Pero el ruido no sólo es capaz de provocarnos trastornos emocionales, sino que también podemos sufrir dolores de cabeza, hipertensión, problemas digestivos y se ha constatado un aumento en enfermedades cardiovasculares en aquellas personas sometidas a altos niveles de ruido de forma continua. Según diversos estudios, cuando el ruido supera los 55 decibelios, puede provocar cambios en nuestro sistema hormonal e inmunitario, lo que lleva aparejado el aumento de los niveles de glucosa y colesterol, así como una mayor predisposición a sufrir enfermedades infecciosas.

Otro de los efectos del ruido, del que pocos somos conscientes es la pérdida de audición. Esta pérdida se debe a un intento del organismo por adaptarse a un entorno demasiado ruidoso, con lo cual la pérdida se va produciendo de forma gradual. Si por circunstancias laborales se está expuesto a ruidos muy fuertes, o se asiste con mucha frecuencia a discotecas o a conciertos de música estridente, pueden llegar a sufrir una pérdida total de la audición si la exposición es muy continuada en el tiempo.