La vesícula biliar es un órgano situado bajo el hígado, cuya misión es la de almacenar la bilis que se genera en este. Cuando comemos alimentos ricos en grasa o determinadas proteínas, la vesícula se contrae y vierte su contenido hacia el intestino para ayudar a digerir los alimentos pesados (salsas, bebidas alcohólicas, café, nata, coliflor, etc.)

Si la vesícula no funciona correctamente debido a una inflamación, infección o cálculos (piedras), las digestiones se vuelven más pesadas, con sensación de ardor y estreñimiento. Ocasionalmente se puede producir una obstrucción de los conductos biliares provocando un cólico biliar. Sus síntomas se manifiestan con un fuerte dolor desde la boca del estómago hacia el interior, nauseas y un intenso sabor amargo en la boca. En estos casos, hay que visitar al especialista para averiguar el origen de las molestias, mediante ecografías y radiografías.

La litiasis biliar (formación de cálculos en la vesícula), es la enfermedad más frecuente. Según sea la composición de los cálculos se aplicaran diferentes tratamientos, aunque la extirpación de la vesícula es el más común.

El papel que desempeña este órgano en el proceso digestivo es importante pero no vital. La mayoría de pacientes que han sido sometidos a una intervención de este tipo, se adaptan fácilmente a vivir sin vesícula.

Curiosamente, la litiasis biliar afecta en mayor proporción a mujeres. Otros factores como la edad, alimentación y embarazos guardan una relación directa con la propensión a padecer esta enfermedad.

Vivir sin vesícula

Se puede llevar una vida normal sin vesícula aunque, eventualmente, puedan aparecer algunas dificultades digestivas tras la operación. El motivo suele ser una manipulación incorrecta de las grasas en la dieta. Recordemos que los alimentos grasos y las vitaminas solubles en la grasa, necesitan de la bilis para ser procesadas. Al no estar presente la vesícula, el hígado se encarga de verter la bilis directamente al intestino. Por tanto, al no haber una cantidad adecuada de esta sustancia en el intestino, cuando ingerimos alimentos grasos, el proceso de absorción no sucede con normalidad. Como consecuencia se puede producir diarrea o hinchazón durante las primeras semanas, tras la operación.

Recomendación

Durante las cuatro primeras semanas, llevar una dieta libre de grasas, condimentos o aliños. Superado este período se puede comer con normalidad.