estress Reconocer el estrés
Nuestra sociedad cada vez nos impone un ritmo de vida más vertiginoso, por lo que cada vez son más las personas que padecen estrés y ansiedad. Las exigencias laborales, el exceso de tareas por cumplir o la incapacidad para conciliar la vida familiar con la laboral nos llevan a una espiral de obligaciones de la que difícilmente podemos salir.

Los factores ambientales como los cambios de estación también pueden incidir de manera notable, provocando estados de decaimiento general.

Definiendo el estrés podemos decir que se trata de una respuesta fisiológica ante los estímulos de la vida. Es un sistema de defensa del organismo para hacer frente a los cambios que, en pequeñas dosis, puede ser beneficioso. Un poco de estrés nos mantiene despiertos, estimula la creatividad y nos hace más productivos. En cambio, si los niveles de estrés se mantienen elevados durante cierto tiempo por la falta de adaptación a diversos sucesos o cambios continuos en nuestra vida, nuestra capacidad de respuesta se ve superada. Es entonces cuando el estrés se convierte en un problema para la salud.

Para tratarlo no hay que eliminarlo porque, además de imposible, sería un inconveniente para nuestra salud y rendimiento. El objetivo es no dejar que traspase la fase positiva , la que nos empuja a actuar. Cuando nuestro organismo necesita hacer un sobreesfuerzo para volver a la normalidad, nos avisa con una serie de síntomas o señales que debemos reconocer:

Emociones. Irritabilidad, miedo, ansiedad, estados de ánimo variables y confusión.
Pensamientos. Falta de concentración, incapacidad para tomar decisiones, excesiva preocupación por el futuro, autocrítica…
Conductas. Reacciones impulsivas, llantos o risa nerviosa, dificultad del habla (tartamudez), despreocupación por el cuidado personal, brusquedad en el trato hacia los demás, falta de apetito…
Físicos. Dolores de cabeza o de espalda, alteración del sueño, problemas digestivos, contracción muscular, mayor predisposición a contraer infecciones, palpitaciones, temblores, sequedad bucal…

Estos no se producen a la vez, sino que se manifiestan según los puntos débiles de cada persona.