Saber evaluar las quemaduras
Según National Consumer Commission, dos millones de personas en todo el mundo sufren algún tipo de quemadura en la piel anualmente. Además, 100.000 víctimas de quemaduras en la piel requieren hospitalización y, lamentablemente, 12.000 de estos casos no terminan sobreviviendo. Muchas personas no son conscientes de cómo cuidar y evitar que estas quemaduras y problemas posteriores sucedan. Cuanto más sepas sobre tu piel y su potencial para ser dañada, mejor podrás defenderla de los elementos exteriores.

Los niños menores de cuatro años y los ancianos corren mayor riesgo de sufrir quemaduras. Existen diferentes tipos de quemaduras. Las quemaduras térmicas son el resultado de accidentes o incendios de automóviles. Muchos de estos tipos de quemaduras pueden tener consecuencias letales. Otro tipo de quemaduras en la piel son las denominadas de calor seco. Estas son las producidas por el vapor o diferentes líquidos que entran en contacto con la piel.

El primer paso y el más importante en el cuidado de una quemadura es reconocer si los síntomas son realmente el resultado de una quemadura. Estos síntomas son los siguientes: dolor (una quemadura más grave no producirá dolor), color rojo, ampollas, hinchazón, descamación de la piel, piel blanca, humedad, debilidad y labios y uñas azulados. En segundo lugar, lo que debes hacer es investigar como se ha producido la herida.

Una vez hecho esto, es hora de que evalúes la quemadura. Al evaluar una quemadura debes centrarte en la extensión y en la profundidad. Si tienes cualquier duda acerca de cuánto daño ha hecho en la piel debes buscar atención médica inmediata. De esta manera puedes ayudar a prevenir la cicatrización, la discapacidad y/o la deformidad.