¿Somos los responsables de nuestra curación?
Siempre buscamos el origen de las enfermedades en elementos externos a nosotros: bacterias, virus, deficiencias alimentarias… Como son algo ajeno, nos eximimos de responsabilidad y se la traspasamos al médico.

Sin embargo, un gran número de médicos, psicólogos y naturópatas piensa que las enfermedades, exceptuando algunas excepciones, tienen su causa en nosotros mismos; desde este punto de vista la responsabilidad frente a la enfermedad es nuestra, pero la buena noticia es que también tenemos la clave para la curación.

Es cierto que aunque miles de personas se exponen a la vez a virus, bacterias, agentes alergenos, frío, tóxicos, etc, sólo unas cuantas enferman. La persona que ha caído enferma se pregunta ¿Por qué yo sí y los demás no (con el sentimiento de miedo que ello conlleva)?. No es una pregunta sin importancia. Los profesionales que defienden el origen interno de las enfermedades indican que la pregunta que deberíamos hacernos es ¿Qué quiere decirme esta enfermedad que he contraído?, ya que seguramente hay un mensaje implícito en el mal que ha sobrevenido.

Y es que el aspecto emocional tiene mucho que ver. La medicina tradicional ya reconoce algunas enfermedades como psicosomáticas, pero muchos investigadores defienden el origen psicosomático de la mayoría de ellas. Defienden que algo nos debió ocurrir que nos afectó a nivel emocional en los días u horas anteriores al momento en el que aparecieron los síntomas: ante un conflicto o problema surgen un torrente de pensamientos y emociones negativos, que afectan a nuestros niveles hormonales y de neurotransmisores que, a su vez, pueden provocar disfunciones en los órganos; es entonces cuando aparecen los síntomas, que según esta teoría son la punta del iceberg. Así pues, será bueno preguntarnos: antes de que aparecieran los síntomas ¿qué nos sucedió? ¿algo nos puso nerviosos, o nos preocupó, o nos dio miedo (o cualquier otro sentimiento)?

Dethlefsen y Dahlke, en su libro “La enfermedad como camino”, sugieren que los síntomas son señales que nos envía nuestro cuerpo indicándonos que no hay armonía entre nuestro mundo interior (emociones, deseos, sueños…) y el exterior y que nos instan a realizar cambios en nuestras vidas. Hay que preguntarse también de qué nos defiende ese síntoma y lo que estamos obteniendo gracias a él: aquello de lo que nos está defendiendo puede ser el problema clave.