
Se trata de un trastorno psiquiátrico que sufren aquellas personas que han vivido un episodio muy dramático a lo largo de su vida, como una guerra, un secuestro, desastres naturales como terremotos e inundaciones, etc. Puede presentarse inmediatamente después del hecho traumático o tardar hasta seis meses en aparecer.
El síntoma más claro de este trastorno es que las personas que lo padecen reviven en su mente el hecho traumático una y otra vez, sintiendo como si lo estuvieran sufriendo otra vez, teniendo sueños repetitivos sobre la situación o reacciones físicas ante situaciones que le recuerdan al hecho traumático, lo que puede repercutir en sus actividades cotidianas.
Se acompaña también de dificultad para concentrarse, irritabilidad, dificultades para conciliar el sueño y tendencia a aislarse de los lugares, objetos y personas que le recuerdan el acontecimiento.
Otro de los síntomas que resulta revelador es que la persona que sufre este trastorno se sienta muy culpable y responsable del hecho ocurrido. Esto se da sobre todo en supervivientes de accidentes o catástrofes naturales en los que ha habido fallecidos.
El tratamiento de este trastorno se realiza combinando los fármacos con la psicoterapia. Esta última está dirigida a disminuir los síntomas, ayudándole a explicar sus sentimientos, rebajando el nivel de ansiedad y ayudándole a controlar la repetición de los recuerdos en la mente. Los fármacos ayudan sobre todo a reducir la ansiedad y el resto de síntomas, por lo que se suelen utilizar tanto antidepresivos como ansiolíticos, pero siempre bajo supervisión médica.
Resulta extremadamente útil en el tratamiento de los pacientes aquejados por este trastorno que acudan a grupos de apoyo formados por personas que hayan pasado por experiencias similares, porque les permitirá compartir sus sentimientos, miedos, etc. y sentirse comprendido al hacerlo.


























































