Verdades y mentiras sobre la soja

No paran de aparecer anuncios en televisión hablando sobre las propiedades y los beneficios de la soja en la salud. Este alimento ha irrumpido con fuerza y su consumo crece cada día más. Sin embargo, no es tan buena como la pintan, ya que hay que tomar algunas precauciones con su consumo.
Nos han dado a entender que la soja y sus derivados son una extraordinaria fuente de salud capaz de sustituir algunos alimentos como la carne o la leche. De hecho, se trata de un alimento rico en proteínas vegetales y aminoácidos esenciales, por lo que tiene un alto valor nutricional. Además, se compone de fitoestrógenos, minerales, especialmente calcio, hierro y zinc y ácidos grasos poliinsaturados. Entonces, ¿qué tiene de malo?
La mayor parte de los expertos coinciden en que tanto el cultivo como el tratamiento de la soja influyen en la calidad y en los beneficios que puede aportar a la salud. Sin embargo, es uno de los cultivos transgénicos más habituales, y en muchas ocasiones sus nutrientes no son absorbidos por el organismo humano porque no se sigue el proceso de fermentación natural indispensable.

Muchos estudios concluyen que el consumo moderado de soja (sin superar los 30 gramos diarios) confiere un valor proteico similar al de otros alimentos (carne, huevo o leche). Además, se trata de un producto idóneo para controlar el peso, para fortalecer los huesos y prevenir algunas enfermedades como la osteoporosis, para controlar y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y es beneficioso para el tránsito intestinal.
En cambio, los fitoestrógenos generan mucha controversia, ya que actúan de forma similar a la hormona femenina del mismo nombre. Para algunos es la mejor manera de aliviar los síntomas de la menopausia y ejercen una acción preventiva en la aparición de determinados cánceres. Por el contrario, los detractores opinan que la ingesta excesiva de estrógenos puede afectar de manera negativa al sistema endocrino y llegar a causar problemas con el sistema reproductor. Además, algunos estudios consideran que la presencia de fitatos (ácido fítico) hace que la absorción de las vitaminas y minerales sea mínima.





