Psicología para adelgazar
Dicen que podemos lograr cualquier cosa con la mente. Incluso perder peso. El estrés, la ansiedad, la tristeza… varios estudios han demostrado que existe un vínculo muy estrecho entre nuestro estado de ánimo y nuestra alimentación. Es por eso que las personas que son capaces de conectar su mente con las ganas de comer pueden adelgazar más fácilmente que las que se dejan llevar por impulsos o no tienen control.

Seguramente te habrá sucedido que en los momentos de mayores dificultades en tu vida (problemas familiares, en el trabajo, cambios bruscos), tu dieta se resiente, y eso puede suceder en dos direcciones: bien has perdido el hambre o, al contrario, te ha dado por picar más de la cuenta y comes peor que antes.

En cualquier caso, las emociones influyen en lo que comemos. Tenemos que aprender a comer cuando realmente sintamos la necesidad física de comer, no porque la cabeza nos dice que toca comer o porque las emociones nos impulsan a ello. Tendemos a comer o cenar a ciertas horas de forma rutinaria, por puro hábito, incluso sin tener hambre, simplemente porque toca comer. Y eso es un error, porque nos impide conectar son la sensación de hambre física.

Cuando estamos bajo situaciones de estrés personal, buscamos una solución inmediata con algo, y muchas veces ese algo es la comida porque un dulce nos produce placer que contrasta con las emociones que estamos viviendo. Pero como dicen algunos psicólogos en Madrid, ese malcomer no resuelve los problemas.

Ciertas personas comen porque están deprimidas, o se aburren o tienen ansiedad. Utilizan la comida para aliviar esas emociones.

Así pues, las emociones junto con los hábitos negativos son las dos principales causas del sobrepeso entre la población. Mucha gente come compulsivamente cuando sienten ansiedad, nervios, estrés o cualquier malestar emocional. Las endorfinas cubren a corto plazo ese malestar emocional, pero después se sienten culpables porque han comido demasiado y entonces se sienten todavía peor.

Controlar eso a cierta edad es complicado, pero no imposible. Existen determinados alimentos que por su contenido nutricional hacen sentirnos mejor. Por ejemplo, los alimentos ricos en triptófano que es un precursor de la serotonina, un neurotransmisor relacionado directamente con el bienestar emocional. Niveles altos de triptófano y glucosa (azúcar) permiten sintetizar la serotonina.

En conclusión, si tenemos niveles bajos de serotonina, tenderemos a la depresión y tendremos apetencia por el dulce. Cuando no nos encontramos bien, con un bajo estado de ánimo, el cuerpo pide azúcar, chocolate, dulces. Por eso los alimentos contienen triptófano son la alternativa perfecta. ¿Dónde se encuentran? En el chocolate, el pavo, el pollo, el conejo, los frutos secos, frutas como la piña y el plátano, los huevos, derivados lácteos como el queso (cheddar, soja y suizo), cereales o el pescado azul, entre otros.